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27/9/20

MÉXICO: UNA PANDEMIA EN SEIS PALABRAS

A continuación les presento el resultado de mi convocatoria para entender la vida mexicana durante la pandemia: una reducida colección de vidas que han buscando expresar el tedio, la tristeza, la tragicomedia y la esperanza en breves enunciados. Con ustedes: Una pandemia mexicana en seis palabras.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


¿Qué más se puede decir sobre esta pandemia? ¿Qué recovecos siguen sin explorarse en los kilómetros y kilómetros de enunciados escritos sobre infecciones, hospitales, respiradores, muertes, tragedias…?

Quizá en este vasto océano de información nos falte encontrar alguna isla que nos remita a la esencia humana; un pedazo de tierra firme que nos revele la experiencia íntima que han vivido -durante meses- millones de personas sumergidas en el aislamiento, distanciamiento, temor y angustia de esta cuarentena aparententemente interminable. 

Surgen entonces algunas preguntas: Si queremos echar luz a la mente de tantas personas... ¿Cómo lograr esto de la mejor manera? ¿Qué método utilizar para capturar estas fotografías íntimas? ¿Cómo penetrar en la privacidad de tantos individuos? 

Una manera de hacerlo es seguir el ejemplo de Larry Page, creador de “Six Words Memoirs”; un portal donde cientos de miles de personas han plasmado la esencia de su vida utilizando -como bien indica el título- únicamente seis palabras.

Quizás algunos conocedores recordarán que esta idea surgió originalmente con Ernest Hemingway, quien de forma legendaria ganó una apuesta a un amigo que lo retó a escribir un cuento de seis palabras. El resultado fue conmovedor: “FOR SALE. BABY SHOES. NEVER WORN” (“Vendo zapatos de bebé, sin usar”).

Ahora que vivimos en los Tiempos del Covid, Larry Page decidió enfocar su atención en la vida humana de la pandemia, publicando una breve colección de micro-biografías en The New York Times. Naturalmente, me pareció una idea digna de ser emulada en este espacio.

Así que a continuación les presento el resultado de mi veloz convocatoria para entender la vida mexicana durante la pandemia: una reducida colección de vidas que han buscando expresar el tedio, la tristeza, la tragicomedia y la esperanza en breves enunciados. Con ustedes: Una pandemia mexicana en seis palabras.

“Tuve un hijo, nadie lo vio” - Mónica Vite

“Descubrí que llevaba varios años encerrada” - Elma Cantú

"Información infinita... y nadie sabe nada." - Daniel Morales

“Me convertí en maestra de repente” - Elisa Ramírez

“Mundo de posibilidades; empatía y solidaridad”. - Déborah Martínez

“Chinga’os, ahora veo a Laura Bozzo” - Arturo Maldonado

“Puro Netflix pero sin maldito chill” - Catherine Piquet

“Todavía tengo la vida en cajas” - Fernanda Kuri

“YO YA ESTOY HASTA LA MADRE” - Chiris Jiménez

“Simplificar la vida de manera forzada” - Javier Delgado

“Todos los pinches días intento sobrevivir” - Camila Cantú

“¿Qué es un fin de semana?” - Arturo Borjas

“...y los platos no se acaban” - Ana Laura Herrera

“Ver calendarios todo el (pinche) tiempo”. - David García

“Olvidé los tuppers en la oficina” - Andrés Durán

“La felicidad es estar bien solo” - Fernando Castilla Jr

“Qué bueno que nos casamos antes” - Roby Calderón

“¿Es lunes o martes?... es sábado” - Rolando Sepúlveda

“Las maestras ganan muy poco dinero” - Marisa Treviño

“Aprende a abrazar los cambios inesperados” - Majo Nava

“Sin cheve; hijo nuevo; siempre gordo” - Carlos Pedroza

“Selección natural… y nosotros de aferrados” - Luli Monsalvo

“Fue tormenta, pero duele el naufragio”. - Alejandro Huitrón

“Lo que no mata te fortalece” - Claudia Chávez

“Llaves, celular, cartera... chingada el cubrebocas!!!” - Alex Hernández

“Adiós al beso, hola espacio personal” - Nora Cayfer

“Excelente momento para no tener hijos” - Julie Piquet

Y como gran final, les dejo mi aportación a esta breve colección literaria, inspirado en la historia trágica de Hemingway: “Cambio pantalón: talla 34 por 36”

Así las cosas...


8/6/20

LA VERDADERA PESTE CHINA

¿Alguien se acuerda del cambio climático? ¿Pusieron atención a lo que ocurre en Hong Kong? Pues hoy continuamos con nuestro recorrido por los temas ignorados y desatendidos por nuestra obsesiva fijación pandémica.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

¡Éxtasis! Si sólo comprendieran el placer que viene con la libertad de ignorar al microscópico yasabenquién: los días recuperan sus dimensiones; los contornos de la realidad se manifiestan con claridad; las puertas de la conciencia se expanden. ¡Un delirio!

Les recuerdo que en mi columna anterior tomé un voto de silencio sobre la actual situación epidemiológica. Había dicho que todos estábamos tan dopados por la monotonía informativa que habíamos perdido de vista acontecimientos más interesantes, trascendentales e inclusos peligrosos para nuestro futuro inmediato.

Así que hoy continuaremos este viaje hacia las fronteras ignoradas y desatendidas por nuestra obsesiva fijación pandémica. ¡No temas, lector! ¡Avancemos!


Primero una brevísima parada en el histórico logro del 30 de mayo: el cohete Falcon 9 de SpaceX despegó desde Florida llevando con éxito a Bob Behnken y Doug Hurley al espacio sideral. Así inicia una nueva era en la exploración espacial, y si no ven la importancia de este acontecimiento, entonces no tienen alma y merecen una maldición maligna.

Segunda parada: cambio climático (no se quejen). Porque si algo ha causado optimismo en los últimos meses es ver cómo la naturaleza recupera el terreno perdido tras la retirada del homo sapiens. Todos vieron a los delfines en Venecia o cómo los Himalayas se vieron desde Jalandhar (India) por primera vez en décadas por la ausencia de contaminación.

No canten victoria: la amenaza del cambio climático seguirá cuando salgan de casa. Es un hecho que en los primeros meses del 2020, las emisiones globales de gases de efecto invernadero cayeron un 17%. Pero en mayo, la concentración de CO2 en la atmósfera ascendió a 418 partes por millón. O sea… fue la concentración más alta jamás registrada en la historia humana. La parálisis mundial no enmendó la destrucción que hemos causamos: el CO2 sigue acumulándose.

Pero no nos adelantemos y hablemos mejor de algo que nos afecta hoy mismo. Tercera parada: ¡Hong Kong!

¿Por qué tanto alboroto en HK? Va un resumen: Desde que los británicos regresaron este territorio al dominio chino, HK se gobernó con ciertas libertades que fueron tolerados [en parte] por una China autoritaria (“Un país, dos sistemas”). Pero el año pasado, el gobierno de HK quiso imponer una nueva ley de seguridad que permitiría la extradición de criminales a China. Esto abría las puertas a detenciones arbitrarias y a juicios corrompidos. Obviamente se armó la gorda y vimos protestas masivas durante meses. La ley terminó en el limbo legislativo.

Pero el desgraciado de Xi Jinping no se dio por vencido y a finales de mayo aprobó una Ley de Seguridad Nacional para combatir la “traición, sedición, secesión, y subversión”. Lo que no pudo hacerse a nivel local, se hizo a nivel nacional. Cabe decir que los términos de la ley son tan ambiguos que prácticamente criminaliza cualquier protesta contra el gobierno central de Beijing.

Las consecuencias son enormes en cuestiones geopolíticas, diplomáticas, comerciales y humanitarias. Revela a una China tramposa con intenciones de dominación absoluta a nivel nacional y regional; hace añicos los sueños democráticos y liberales de HK; pone en peligro la autonomía de Taiwán; incrementa la desconfianza global y aumenta la tensión entre China y EE.UU que podría concluir en un encuentro bélico.

El mensaje de China para el mundo es muy claro: ha iniciado una nueva era de terror.

Todo esto sucedió mientras millones de personas alucinaban con pandemias, dejando en claro que los verdaderos peligros son distintos a los que creemos. Basta preguntarle a cualquier ciudadano Hong Kong.

Publicado originalmente en Vértigo Político

25/5/20

ES EL COVID LA FLOR DE LA PEREZA

El COVID se ha convertido en el opio del pueblo. ¿Acaso olvidamos que existe una mundo más allá del virus. ¿Olvidamos que existen otros temas de igual o mayor importancia? ¿Que hay historias que incluso ofrecen mayor morbo o polémica? 



Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Seré sincero: ya estoy hasta la fregada del COVID-19. Pude usar otra palabra para describir mi estado de ánimo, pero esta revista tiene que un prestigio que cuidar y jamás publicaría semejante lenguaje. 

Seamos serios… ¿No están ustedes en la misma situación? Porque desde que inició esta pandemia, no podemos pasar una hora sin escuchar algo sobre el mentado coronavirus: que si la curva aplanada; que si los respiradores; que si las vacunas; que si la hidroxicloroquina sirve; que si más bien te mata; que si la catástrofe económica; que si el desempleo; que si  López Gatell y sus cifras fraudulentas. ¡Basta!

Esta situación es patética y aterradora: todos caímos en una espiral informativa de la cual no podemos escapar. Porque incluso cuando ya no existen actualizaciones relevantes sobre el tema, pedimos migajas cual Oliver Twist: «Por favor, señor, quiero un poco más». Esta trampa afecta también a los medios de comunicación, que ante la insaciable demanda de noticias sobre el COVID, su oferta se volvió también monotemática. Si la audiencia pide coronavirus, le damos su coronavirus. 

En resumen, el COVID se ha convertido en el opio del pueblo.

¿Acaso olvidamos que existe una mundo más allá del virus. ¿Olvidamos que existen otros temas de igual o mayor importancia? ¿Que hay historias que incluso ofrecen mayor morbo o polémica? 



Hace poco parecía que la fortuna nos ofrecía una tregua. Las redes sociales vibraron ante la posible de muerte del dictador Kim Jong-un. ¡Ah! Pero la fortuna es caprichosa, y el miserable coreano panzón seguía vivo y listo para torturar un día más a los norcoreanos.

De pronto, otros dos eventos con el potencial de sacarnos de nuestro letargo traspasaron el ruido de la pandemia, aunque al final -como todo hoy en día- fueron sepultadas por el virus.

1. Vespa mandarinia. Lo que nos faltaba, la aparición de los Avispones Gigantes Asiáticos, a.k.a “las Avispas Asesinas”. Más allá de que su físico sea una colección de pesadillas, lo peor de su llegada a territorio americano no es su gigantesco aguijón (media pulgada) sino que su única misión es decapitar y comerse a las abejas mieleras. De acuerdo con expertos, unas 20 avispas asiáticas pueden destruir a una colonia de 40,000 abejas en pocas horas. Si no detenemos su invasión podríamos ver el exterminio de nuestras abejas; y si se van ellas, se va la polinización y toda la agricultura. Olviden al COVID-19, ésta sí es una plaga infernal.

2. Bahía de Cochinos Venezolanos. Una historia más sorprendente que los OVNIs de Maussan fue la invasión fallida para derrocar a Nicolás Maduro y terminar con su régimen maníaco. Organizada por una empresa de mercenarios gringos y apoyada por el gobierno de Juan Guaidó, la invasión fue una tragedia de tres pistas. Los soldados no lograron ni desembarcar cuando ya estaban capturados. Al final, Venezuela sigue viviendo una catástrofe económica, política y humanitaria. ¿A alguien le importó? ¡Nah!

El peligro frente a nosotros es que estemos perdiendo perspectiva sobre la realidad por estar profundamente dopados por del COVID. Eventos que afectan nuestro futuro de manera directa hoy nos pasan desapercibidos. ¿Alguien se acuerda que EE.UU. está en plena campaña para sacar a Trump de la Casa Blanca? ¿Alguien puso atención a la cancelación de energías renovables por parte del gobierno federal en México? ¡Para nada! 

Como adictos al opio, sólo queremos disfrutar los efectos de la adormidera: si no es COVID, nada nos interesa. Y así se derriten los días, entre el desinterés, la apatía y la indiferencia. Mientras tanto, las avispas asesinas se acercan y Maduro sigue su reino del terror.

¡Dulces sueños!
Publicado originalmente en Vértigo Político

10/5/20

LA NORMALIDAD EXTRAVIADA

¿Realmente podemos hablar de “normalidad” en la era post-Covid? No lo sé, pues todo indica que el mundo de hace apenas unas semanas no estará esperándonos cuando salgamos de casa.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Para aligerar estos estériles días, empecemos con una frase de nuestro amigo Voltaire: “Todos buscamos la felicidad, sin saber dónde encontrarla, como los borrachos buscan su casa sabiendo que tienen una”.

Así me imagino a millones de personas que deben estar enredadas en espesas telarañas tras mes y medio de encierro. “¿Existirá la felicidad?”, quizás se pregunten en la oscuridad. “Sí…” -responden murmurando- “sólo que está perdida, como esas casas de los borrachos” (y borrachas, no discriminemos).

Pero si la felicidad está extraviada, el futuro también parece estarlo. Nadie puede planear su porvenir en medio de tanta incertidumbre; sin saber cuándo terminará esta pesadilla ni cuándo seremos libres de nuestras propias paredes.

Por fortuna, ya existe algo de claridad frente a estas dudas: la normalidad -dicen los que saben- regresará en un par de meses.

¿Normalidad? ¿Realmente podemos hablar de “normalidad” en la era post-Covid? No lo sé, pues todo indica que el mundo de hace apenas unas semanas no estará esperándonos cuando salgamos de casa.


Primero la economía. En pocas semanas, millones de personas regresarán a las calles para… quedarse en las calles. Jonathan Heath, subgobernador del Banxico, comentó que la tasa de desempleo en México puede superar el 10.7% por la crisis que se avecina. Sumen a esto el cierre de miles de empresas, una estrepitosa recesión económica y que Pemex tendrá que ser regalado a esas personas que piden fierro viejo.

A nivel global, hablé en otra columna sobre el nuevo auge de las fuerzas autoritarias. Dictadorzuelos que utilizan la crisis para promover medidas de represión política y control social. Esto se complementa con la capacidad que tienen los gobiernos para espiarnos a través de nuestros propios celulares (ahora bajo la excusa de monitorear a los enfermos) que pronto podrían ser abusada con intenciones más perversas y Orwellianas.

El proceso de la globalización también se verá afectado, particularmente con la caída del comercio internacional (-32% para finales del año). A esto agreguen la visión de algunos países como EUA que ahora ven al proteccionismo económico, al cierre de fronteras y al fin de la inmigración como respuestas y modelos a seguir.

“¡Pero eso no importa” -dirá algún cándido, “lo importante son los cambios personales que lograremos en la cuarentena”.

Y claro, hoy es común encontrar en las redes sociales a soñadores melosos expresando cómo el encierro los enseñó a valorar a los amigos nuevamente; a meditar su relación con la naturaleza; a repensar su alimentación y su consumismo.

¿Será esta la felicidad extraviada? ¿Una especie de “transformación” humanista? ¡Ni lo crean! Porque si algo difícilmente cambiará será nuestro comportamiento como civilización.

Bien indicó el filósofo Fernando Savater, que a pesar de la actitud moralizante que vemos en muchas personas, al final absolutamente nada cambiará tras la pandemia. “Estaremos encantados cuando esto acabe y simplemente querremos recuperar nuestra vida anterior”.

Porque las epidemias han existido durante milenios y nunca han cambiado nuestra actitud como especie. Tal como sentencia Savater: “los individuos seguían siendo iguales. Y ahora pasará lo mismo. ¡Todos volveremos a ser una panda de individualistas!”

¿Entonces cuál es la moraleja? Pues quizás el error sea creer que hay una lección en esta pandemia. Si acaso, el mundo cambiará pero nosotros seguiremos siendo exactamente iguales.

Y puede ser que ante esta “normalidad” nos podamos librar de esa angustia por el futuro y en una de esas… hasta encontremos un poco de felicidad y consuelo.

Publicado originalmente en Vértigo

26/4/20

MAMÁ… EL COVID-19 TAMBIÉN INFECTÓ A MI FURIA

¿Se acuerdan de las grandes protestas globales del año pasado? ¿De la marcha feminista de hace apenas dos meses? Pues el COVID-19 acabó con todo esto y nos volvió obedientes y dóciles ante el gobierno.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

¿Cómo va ese aislamiento? ¿Bien? ¿Más o menos? Pues falta mucho, así que... ¡Arriba y adelante!, como dijo Echeverría.

Volviendo a la paupérrima realidad, quizás recuerden que en mi columna anterior les conté cómo el COVID-19 ya destruyó a la economía mundial y al orden democrático global. Poca cosa… Aún así, hoy quiero pedirles nuevamente que agreguen a su lista de preocupaciones otro detallito: la destrucción de nuestro espíritu de protesta.

Quizás tras largas semanas de aislamiento su memoria los confunda. Pero el año pasado estuvo marcado por un extraordinario torbellino de furor popular: una explosión de rabia y hartazgo contra la desigualdad económica, de género, y el abuso de poder de todo tipo.

Les despejo su memoria: tan sólo en 2019 vimos movilizaciones masivas en Chile, Ecuador, Líbano, Argentina, Uruguay, Haití, España, Irak, y Hong Kong. Tanto en Bolivia como en Sudán, la población incluso derrocó a sus líderes cleptocráticos en busca de modelos gubernamentales más representativos.

¡No se vayan tan lejos! Piensen en el inicio de este glorioso año, donde incluso yo realicé una predicción (ahora desafortunada): que en temas de protestas el 2020 sería igual o más intenso que el anterior. Y mi pronóstico parecía cumplirse: en Chile las protestas semanales continuaban, presionando por una reducción a los aplastantes costos para mantener una vida digna básica.

¡Y cómo olvidar el tsunami de las féminas! ¡La energía de las marchas para defender los derechos de la mujer! ¡La República Femenina en marcha! ¡Hace apenas mes y medio!

Pero hoy... silencio: un silencio sepulcral, virulento y contagioso.

Porque no sólo las protestas se han detenido, sino que ahora cientos de millones de personas se encierran en sus casas de manera dócil y obediente. En todo el mundo, el COVID-19 parece haber congelado los sueños de cambio social y la lucha por la igualdad económica y de género.

“¡Pronto volveremos a las calles!”, dirá un activista trasnochado. Pues no lo creo… Ya las autoridades gubernamentales -a quien tanto caso hacen ahora- advierten que la crisis sanitaria terminará durando meses. Y los chinos dicen que ya esperan una segunda oleada del COVID-19 para noviembre. Aislamiento eterno. El cuento de nunca acabar…


Lo peor -para variar- se lo llevan las mujeres. Porque si algo nos dejará esta cuarentena es un serio retroceso para el movimiento feminista contemporáneo. No sólo las mujeres son las primeras en perder sus empleos (los datos me respaldan), sino que estamos viendo un auge macabro de violencia doméstica. La Red Nacional de Refugios indicó que en lo que llevamos de aislamiento, las llamadas por violencia de género aumentaron un 60%. Lo mismo en España, Francia, Estados Unidos...

¿Qué hacer entonces?

No hay una respuesta sencilla, pero sí existen acciones que podemos realizar hoy mismo: recuperar inmediatamente esa chispa de rabia que movió al mundo hace apenas unos meses. Dejar de estar aletargados por el encierro. Recordar la multitud de problemas que son peores y más importantes que un virus de baja letalidad (feminicidios, cambio climático). Exigir el regreso a nuestra vida productiva. Dejar de ser dóciles y de aceptar sin chistar las medidas draconianas que son pan de cada día; todo mientras la economía se desmorona, los trabajos desaparecen, la violencia doméstica incrementa y la pobreza se multiplica.

¿Quieren ser antisistema? Ser antisistema hoy implica dejar de temer a un virus poco mortal; dejar de creer ciegamente en las “recomendaciones” del gobierno; rescatar la individualidad.

O también se pueden quedar encerrados y nos vemos en el 2021.


Publicado originalmente en Vértigo

13/4/20

MAMÁ… EL COVID-19 INFECTÓ A MI DEMOCRACIA

Numerosos analistas han apuntado que la historia está llena de momentos oscuros donde la población aterrada corre a buscar el manto protector del Estado. Para los gobernantes, estas crisis llegan “como anillo al dedo” y utilizan la oportunidad  para aumentar su poder y eliminar las libertades políticas de una ciudadanía temerosa.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Ahora que están encerrados en cuarentena, les voy a pedir que sumen a su lista de preocupaciones un artículo más: ¿Se acuerdan que el COVID-19 ya destruyó a la economía global? Bueno… pues agréguenle a eso la destrucción del orden democrático en el mundo.

Numerosos analistas han apuntado que la historia está llena de momentos oscuros donde la población aterrada corre a buscar el manto protector del Estado. Para los gobernantes, estas crisis llegan “como anillo al dedo” y utilizan la oportunidad  para aumentar su poder y eliminar las libertades políticas de una ciudadanía temerosa.

Pues la crisis actual no es excepción a la regla. Alrededor del mundo, numerosos gobiernos han utilizado al virus como catalizador para centralizar el poder, reprimir derechos humanos y avanzar en el camino del autoritarismo.


Poco menos podríamos esperar de gobiernos que ya mostraban inclinaciones para el autoritarismo. Sea Hong Kong, India, Rusia, Turquía, Tailandia o diversas monarquías árabes, los gobiernos de estos lugares han tomado a la epidemia como excusa perfecta para arrestar disidentes, reprimir a periodistas, prohibir grandes reuniones públicas, o decretar nuevas leyes para reprimir cualquier intento de protesta social.

Pero esto también se manifiesta en regímenes considerados democráticos. En Bolivia, el gobierno interino de Jeanine Áñez ha decidido posponer las elecciones presidenciales programadas para mayo. Áñez llegó al poder tras el fraude electoral y exilio de Evo Morales, y ahora todo indica que su intención real es permanecer en el poder y usar al coronavirus como pretexto para torcer las reglas democráticas y perseguir a la oposición.

Otro caso delicado es Israel. Por décadas una democracia vibrante, en los últimos años ha caído en las garras chauvinistas del primer ministro Benjamin “Bibi” Netanyahu. Bibi ahora está acusado de corrupción, pero aprovechó la pandemia para aplazar su juicio penal y retrasar la formación de un gobierno funcional, impidiendo así que el parlamento recién electo pueda aprobar una ley que evitaría -qué casualidad- que un político acusado de corrupción -como Netanyahu- pueda ser primer ministro.

Nadie ha mostrado mayor cinismo por las reglas democráticas como Hungría. Ahí, el tiranillo Viktor Orbán utilizó la turbulencia del COVID-19 para pasar una serie de reformas constitucionales que le otorgan poderes dictatoriales y la capacidad para gobernar por decreto. Con las nuevas reglas, Orbán puede ignorar las leyes a voluntad y ha penalizado con cinco años de cárcel la difusión de información falsa (dejando a discreción personal qué es verdad y qué es fake news). Lo peor es que su extensión de poderes no tiene fecha de caducidad. Sin temor a equivocarme, puedo decir que estamos presenciando el nacimiento de una verdadera dictadura en el corazón de la Unión Europea. 

En México apenas iniciamos con las medidas de emergencia, las cuales nos han dicho se tomarán con respeto a los derechos humanos. Lo que sigue es asegurarnos que esto suceda al pie de la letra. No podemos permitir que el pánico destruya nuestra frágil democracia. Toda acción gubernamental debe tener límites claros y temporalidades fijas.

No es que debamos desconfiar del gobierno, sino que debemos desconfiar todavía más de una ciudadanía temerosa, dispuesta a intercambiar libertades por seguridad. Lo importante es que al final de esta crisis nuestra democracia siga en pie, ya que muchos países no tendrán la misma suerte. 

Una cosa es despertar y saber que el dinosaurio sigue ahí… otra muy distinta es encontrarnos a un gigantesco Leviatán.

¡Aguas!

Publicado originalmente en Vértigo

30/3/20

EL DECAMERÓN REGIÓN 4

Es vital y fundamental no caer en pánico con el COVID-19 y confiar en nuestro sistema inmunológico para sortear esta crisis. Recuerda: ¡Sólo tú puedes evitar el apocalipsis!


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú
@DelgadoCantu


¡Llegó el imperio del COVID-19! Pero ya que estamos en cuarentena, emulemos mejor a Giovanni Boccaccio y contemos historias de amor, fortuna y epidemias. Yo empiezo.

Hace dos meses me enfermé de una fiebre que me zarandeó durante una semana (no era coronavirus, que conste). Quizá fue mi edad o quizás los excesos y vicios, pero pocas veces había pasado más de cinco días en calidad de pantufla vieja. Si de algo puedo jactarme, es de tener un sistema inmunológico entrenado por la Mossad: entra un bicho a mi cuerpo y mis células blancas lo hacen pedazos.

El gran drama vino después: Mi novia se enteró de mi padecimiento y entró en cólera, acusándome de “inconsiderado”, “necio” y “patán” por rehusarme a visitar a un médico. Como hombre sensato, hice una retirada táctica y decidí acudir con un doctor al día siguiente. Su veredicto: “Tienes fiebre y la garganta inflamada, toma estos antibióticos y antigripales”.

Sin decirle a mi mujer, decidí ignorar la parte de los antibióticos. Dormí 12 horas dopado con paracetamol y amanecí como nuevo al día siguiente. Mi novia se enteró de todo y aún me recrimina por los antibióticos.

¿Cuál es la moraleja? Hay dos: No discutan con su mujer por tonterías; y nunca jamás tomen antibióticos si no tienen un diagnóstico grave.

Ahora que vivimos bajo la sombra de una epidemia global, este tema vuelve a ser apremiante. ¡La gente se está medicando en exceso! Esto no sólo debilita nuestros sistemas inmunológicos, sino que permite el surgimiento de superbacterias que resisten a los fármacos y amenazan con destruir a la civilización.


Ahí les van un par de cifras, cortesía de la CDC y la OMS:
1. Cada 15 minutos, una persona en EE.UU muere por una infección que no pudo ser tratada con antibióticos. Esto suma 35,000 muertes al año.

2. Más de 700,000 personas mueren al año en todo el mundo por enfermedades que resistieron a los medicamentos.

3. Si no hacemos cambios radicales, podríamos sumar 10 millones de muertes a causa de resistencia antibiótica en el 2050.

La periodista Sigal Samuel explica en VOX: “La resistencia a los medicamentos sucede cuando usamos antibióticos en exceso en humanos, animales y cultivos. Un nuevo antibiótico puede tener excelentes resultados, pero las bacterias se adaptan. Poco a poco el antibiótico se vuelve menos efectivo y nos queda una enfermedad que no sabemos cómo tratar”. Un culpable son doctores que recetan antibióticos para casos que no los requieren y ni se benefician de ellos, como resfriados y gripes.

Hoy nuestro enemigo número 1 es el COVID-19 (un virus). Pero si algo sabemos de este bicho es que tiene una tasa de letalidad baja, donde incluso el 95% de los infectados son asintomáticos (80%) o tienen reacciones moderadas (15%). Esto quiere decir que no existe ninguna razón para caer en delirios fatalistas.

¿Qué les intento decir? Que es vital y fundamental no caer en pánico con el mentado virus y confiar en nuestro sistema inmunológico para sortear esta crisis. Imaginen que es cualquier gripe que hayan sufrido en el pasado: si te sientes poco enfermo, no te auto-mediques, quédate en casa, toma electrolitos y duerme 12 horas. Ojo: si tus síntomas son graves, por bondad, vista al médico.

Pero crear pánico, cerrar la economía y dañar al 95% que no está en riesgo es absurdo. La racionalidad es lo único que nos va a salvar de esta crisis. Y al final esto aplica igual con los antibióticos: sólo siendo inteligentes y evitando el pánico evitará que nos mediquemos como idiotas, previniendo en el proceso la aparición de las superbacterias que acabarán (quizás) con el mundo.

Recuerda: ¡Sólo tú puedes evitar el apocalipsis!


Publicado originalmente en Vértigo

2/3/20

EL DICTADOR NO TIENE QUIEN LO CURE

Mientras una dictadura facilita la acumulación de información, también es característica distintiva de los sistemas autoritarios la dificultad de admitir errores y autocorregirse.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Terminamos la columna anterior con ánimos elevados: ¡El coronavirus es un aliado para frenar las ambiciones globales de China!

¿Por qué es importante esto? Porque el ascenso del Imperio Chino representa la mayor amenaza a la democracia liberal en el mundo; y lo que ocurra en esta primera mitad del siglo XXI determinará si Beijing dominará la geopolítica global en el mediano plazo. Que nadie los engañe: estamos en una nueva Guerra Fría y la libertad de todos está en juego.

Hace un par de días acudí a una charla organizada por Kybernus en el COLMEX sobre “Libertad y Liderazgo: Desafíos en el Siglo XXI”. Ahí, el exEmbajador de México ante la ONU, Enrique Berruga, resumió de manera impecable el embrollo: “La libertad cada día se ve más coartada, y el mundo tendrá que elegir entre el modelo centralizado de China o el modelo caótico de las democracias”.

¿Y quién va ganando? Hasta hace poco, el viento de la historia parecía soplar a favor de Beijing, en parte porque los defensores del liberalismo brillan por su ausencia: Europa sigue en espirales tras el Brexit y EUA sufre de delirio esquizofrénico.

Aprovechando la turbulencia, los chinos van a la ofensiva: avanzan de manera vertiginosa en la implementación del Sistema de Crédito Social (espionaje masivo a través de apps); en el uso de tecnología de reconocimiento facial y mantienen un archipiélago de gulags en la provincia de Xinjiang para encarcelar a millones de disidentes. A esto sumemos su inquebrantable crecimiento económico y su red global de aliados con la Nueva Ruta de la Seda.

Lo anterior son seductores cantos de sirena para los indecisos. ¿Qué tan malo puede ser un sistema autoritario si a los chinos les va de maravilla?

Incluso autores como Yuval Noah Harari advertían que las dictaduras están mejor equipadas para navegar en el mundo moderno, ya que con la Inteligencia Artificial pueden crear un autoritarismo digital inteligente, donde los gobiernos son cada día más eficientes para reprimir, controlar y castigar a sus ciudadanos.

¿Y entonces? ¿Se perdió la guerra?



¡Pues no! Entra de nuevo en escena el mentado coronavirus para sacudir su poca fe en el liberalismo y disipar los espejismos de las dictaduras “¿Cómo el coronavirus?”, preguntarán sorprendidos. Pues sí… el coronavirus es hoy el detonante de la mayor crisis que afecta a la maquinaria totalitaria de Xi Jinping.

Richard Hass (presidente del Council on Foreign Relations) nos ilumina diciendo que la legitimidad política en China se basa en gran medida en su desempeño económico; y los ciudadanos han aceptado restricciones a sus libertades a cambio de un mejor nivel de vida. En este tema, el coronavirus ya causa estragos, “lo que significa que una situación menos que ideal está empeorando rápidamente”, dice Hass.

Sumado a esto, su sistema centralizado evitó que las autoridades pudieran detener al virus cuando primero se detectó a finales de 2019. Esto debido a la parálisis gubernamental que ha surgido como consecuencia de la consolidación masiva de poder en torno a Xi, lo que deja a los funcionarios provinciales incapaces -o temerosos- de actuar sin la bendición del jefe central.

Así que mientras una dictadura facilita la acumulación de información, también “es característica distintiva de los sistemas autoritarios la dificultad de admitir errores y autocorregirse”, indica Hass. 

Todavía falta mucho para saber quién ganará la Guerra Fría del siglo XXI. Pero algo ha quedado claro: un sistema centralizado parecerá bueno para muchas cosas, pero hoy demuestra que no puede ni detener un simple catarro.

¡Salud!

Publicado originalmente en Vértigo