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8/6/20

LA VERDADERA PESTE CHINA

¿Alguien se acuerda del cambio climático? ¿Pusieron atención a lo que ocurre en Hong Kong? Pues hoy continuamos con nuestro recorrido por los temas ignorados y desatendidos por nuestra obsesiva fijación pandémica.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

¡Éxtasis! Si sólo comprendieran el placer que viene con la libertad de ignorar al microscópico yasabenquién: los días recuperan sus dimensiones; los contornos de la realidad se manifiestan con claridad; las puertas de la conciencia se expanden. ¡Un delirio!

Les recuerdo que en mi columna anterior tomé un voto de silencio sobre la actual situación epidemiológica. Había dicho que todos estábamos tan dopados por la monotonía informativa que habíamos perdido de vista acontecimientos más interesantes, trascendentales e inclusos peligrosos para nuestro futuro inmediato.

Así que hoy continuaremos este viaje hacia las fronteras ignoradas y desatendidas por nuestra obsesiva fijación pandémica. ¡No temas, lector! ¡Avancemos!


Primero una brevísima parada en el histórico logro del 30 de mayo: el cohete Falcon 9 de SpaceX despegó desde Florida llevando con éxito a Bob Behnken y Doug Hurley al espacio sideral. Así inicia una nueva era en la exploración espacial, y si no ven la importancia de este acontecimiento, entonces no tienen alma y merecen una maldición maligna.

Segunda parada: cambio climático (no se quejen). Porque si algo ha causado optimismo en los últimos meses es ver cómo la naturaleza recupera el terreno perdido tras la retirada del homo sapiens. Todos vieron a los delfines en Venecia o cómo los Himalayas se vieron desde Jalandhar (India) por primera vez en décadas por la ausencia de contaminación.

No canten victoria: la amenaza del cambio climático seguirá cuando salgan de casa. Es un hecho que en los primeros meses del 2020, las emisiones globales de gases de efecto invernadero cayeron un 17%. Pero en mayo, la concentración de CO2 en la atmósfera ascendió a 418 partes por millón. O sea… fue la concentración más alta jamás registrada en la historia humana. La parálisis mundial no enmendó la destrucción que hemos causamos: el CO2 sigue acumulándose.

Pero no nos adelantemos y hablemos mejor de algo que nos afecta hoy mismo. Tercera parada: ¡Hong Kong!

¿Por qué tanto alboroto en HK? Va un resumen: Desde que los británicos regresaron este territorio al dominio chino, HK se gobernó con ciertas libertades que fueron tolerados [en parte] por una China autoritaria (“Un país, dos sistemas”). Pero el año pasado, el gobierno de HK quiso imponer una nueva ley de seguridad que permitiría la extradición de criminales a China. Esto abría las puertas a detenciones arbitrarias y a juicios corrompidos. Obviamente se armó la gorda y vimos protestas masivas durante meses. La ley terminó en el limbo legislativo.

Pero el desgraciado de Xi Jinping no se dio por vencido y a finales de mayo aprobó una Ley de Seguridad Nacional para combatir la “traición, sedición, secesión, y subversión”. Lo que no pudo hacerse a nivel local, se hizo a nivel nacional. Cabe decir que los términos de la ley son tan ambiguos que prácticamente criminaliza cualquier protesta contra el gobierno central de Beijing.

Las consecuencias son enormes en cuestiones geopolíticas, diplomáticas, comerciales y humanitarias. Revela a una China tramposa con intenciones de dominación absoluta a nivel nacional y regional; hace añicos los sueños democráticos y liberales de HK; pone en peligro la autonomía de Taiwán; incrementa la desconfianza global y aumenta la tensión entre China y EE.UU que podría concluir en un encuentro bélico.

El mensaje de China para el mundo es muy claro: ha iniciado una nueva era de terror.

Todo esto sucedió mientras millones de personas alucinaban con pandemias, dejando en claro que los verdaderos peligros son distintos a los que creemos. Basta preguntarle a cualquier ciudadano Hong Kong.

Publicado originalmente en Vértigo Político

24/11/19

HOLA GORDURA, MI VIEJA AMIGA

Ya establecimos que somos tragones profesionales. Ahora debemos aceptar que también somos unos despilfarradores. Según la Administración de Medicamentos y Alimentos de EUA (FDA, por sus siglas en inglés), la población de Estados Unidos desperdicia entre el 30 y el 40% de todos los alimentos.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

No me pregunten cómo, pero llegamos vivos a finales de noviembre. Para algunos esto significa que pronto celebraremos el primer aniversario de la 4T. Para mí no... yo soy más pedestre y mis preocupaciones son mundanas. En lo personal, estas fechas sólo significan una cosa: el inicio de las posadas y la amenaza constante de la gordura.

Seamos honestos: nadie logró bajar los kilos extra que acumularon a finales del 2018 y lo mismo pasará este año. Así se inicia esa espiral decadente de la que nunca podrán escapar. ¡Conste que me incluyo!

¿Pero quién podría culparnos? Somos un país de gordos y gordas que adoran la fritanga, los tamales, los buñuelos y la chela. ¿No me creen? Revisen los datos de la OCDE: 72.5% de la población mexicana sufre de obesidad o sobrepeso. 

Frente a esta pesada realidad, resulta urgente repensar nuestra relación con la comida. ¡Pero ni crean que quiero convencerlos de adoptar mejores planes de alimentación! Sabemos que eso es imposible. Lo que sí pido es atención a las cosas que no estamos comiendo. Les explico.

Ya establecimos que somos tragones profesionales. Ahora debemos aceptar que también somos unos despilfarradores. Según la Administración de Medicamentos y Alimentos de EUA (FDA, por sus siglas en inglés), la población de Estados Unidos desperdicia entre el 30 y el 40% de todos los alimentos.

“¡Oh bueno!”, dirán ustedes, “es que los gringos no tienen llenadera”. Pues antes de darse baños de pureza, sepan que en México estamos en la mismas. Datos oficiales indican que aquí desperdiciamos el 37% de los alimentos que producimos, lo que equivale a 10 millones 431 mil toneladas de comida al año que podría alimentar a 7 millones de personas.

Pa’ acabarla de fregar, el CONEVAL (2018) indica que 25.5 millones de mexicanos presentan una carencia en el acceso a la alimentación, lo que representa el 20.4% de la población total.  ¡Tráguense esa, chatos!

Así que estamos en el peor de dos mundos: por un lado tenemos una cifra apabullante de obesos, y por otro un despilfarro inclemente de alimentos, todo mientras el 20% de la población no tiene acceso a ellos. ¿Qué hacer?


Pues les traigo un par de soluciones.

Les Frigos Solidaires: Vamos primero a Francia y sus “Refrigeradores de la Solidaridad”. El concepto es muy sencillo: la raza y los restaurantes que quieren tirar comida, mejor van y la colocan en refrigeradores que están en lugares específicos. Quien no tenga qué comer, va y agarra esa comida gratis.

Happy hours: ¡Otra gran idea! Porque si alguien es culpable de desperdiciar alimentos son los supermercados. Es por esto que algunos (en Europa) están organizando su “hora feliz”, donde todos los productos a punto de caducar son vendidos con enormes descuentos.

Too Good to Go: Una aplicación de celular que funciona como si fuera Bumble, nomás que en vez de tener a la banda buscando pasión, tienes por un lado a un negocio que ofrece comida a punto de perecer y en el otro a una persona que busca comida barata. Hacen match con los productos y pasan a recogerlos. Esta App tiene a 13 millones de usuarios y contratos con 25,000 restaurantes en 11 países.

Leyes: Otra vez Francia, que desde hace más de una década está en guerra contra el desperdicio de alimentos. Basta con decir que fue el primer país en prohibir legalmente que los supermercados tiren los alimentos no utilizados.

Así que ya saben: una cosa es ser glotones, y otra despilfarradores. La buena noticia es que en estas fiestas navideñas, podemos ser gordos sin dejar de ser ecológicos.

¡Saquen los tamales!


Publicado originalmente en Vértigo