20/1/17

AZNOTICIAS - ANÁLISIS DE LA CEREMONIA PRESIDENCIAL DE DONALD TRUMP

ANÁLISIS DE LA CEREMONIA PRESIDENCIAL DE DONALD TRUMP

Fecha de transmisión original: 20/01/2017

AzNoticias; TV Azteca


8/1/17

HERE COMES THE SUN


Levante la mano quien crea que el 2016 fue el año más jodido de la historia reciente.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Levante la mano quien crea que el 2016 fue el año más jodido de la historia reciente.

Para mí, basta con recordar la muerte de David Bowie a escasos diez días de iniciar del año para dar rienda suelta a mi letanía de agravios, quejas e insultos: qué si el mentado Brexit; que si Donald Trump; que si el populismo en Europa; que si el interminable estancamiento económico; que si la guerra en Siria; que si los muertos de Peña ya son más que los de Calderón…

No conforme con fregarnos la vida, el 2016 decidió llevarse también a Leonard Cohen en noviembre; y para cuando Greg Lake abandonó a los vivos al mes siguiente, estaba yo en estado catatónico que ni siquiera me percaté.

Para empeorar la situación, analistas políticos nos advirtieron que si sufrimos durante los últimos 12 meses, pues más valía amarrarse fuerte al mástil del barco, porque todo indicaba que los siguientes 12 podrían ser peor. Digo... sólo consideren el tremendo reto que será tolerar -y sobrevivir- al primer año de Trump.

¿Pero es correcto pensar de esta manera? ¿Podemos justificar nuestro pesimismo con los argumentos que les he dado (y que conste que ofrecí sólo una pequeña muestra)?


Pues no, y quiero argumentar que hemos vivido en el error. Porque claro que la muerte o el auge de Bowie, Cohen, Prince, Trump, Farange, Le Pen, Bannon y Putin podrán deprimirnos y arruinarnos la existencia cotidiana. Pero al ver más allá de nuestras narices podemos argumentar que –de hecho- la humanidad ha tenido su mejor año durante el 2016 y que todo apunta a que el 2017 será todavía mejor.

¿No me creen?

Recurramos entonces a un reciente artículo de Nicholas Kristof en The New York Times para ver de lo que hablo. Porque mientras aquí nos preocupamos por los tweets de Donald Trump o por el Nuevo Modelo Educativo de la SEP, cada día unas 250,000 personas en el mundo logran escapar de la pobreza extrema (lo dice el Banco Mundial).

¿Quieren más buenas noticias? Pues entonces consideren que si a comienzos de 1980 más del 40% de los humanos vivían en pobreza extrema, para el 2016 la cifra cayó por debajo del 10%, y todo apunta a que en el 2030 ya andaremos por ahí del 3 o 4%.

Argumenta Kristof: “Por casi toda la historia de la humanidad, la extrema pobreza ha sido la condición estándar de nuestra especie, y ahora, durante nuestra vida, prácticamente la hemos eliminado. Esta es una transformación asombrosa y sin lugar a dudas es lo más importante que está sucediendo actualmente en el mundo–sin importar cuáles sean las noticias que salen de Washington”.

 Claro que persisten otras tragedias (epidemias, hambrunas), pero incluso algunas preocupaciones como la rampante desigualdad están mal enfocadas. Porque sí, es verdad que ocho pelados controlan la misma riqueza que los 3,600 millones de personas más pobres del mundo. Pero el panorama amplio nos muestra que la desigualdad global se está reduciendo, todo por los cientos de millones de personas que escaparon de la pobreza en China e India.

Obviamente nada de esto evitará que caiga en la amargura de vez en cuando. Pero entre todo este relajo, de pronto tenemos que dejar de vernos el ombligo y acordarnos de aquella canción que decía: "Here comes the sun". Porque recuerden, a esta misma hora mañana habrá 250,000 menos personas viviendo en pobreza extrema; y esto, cómo diría el buen Harrison: "it's alright".


Apareció originalmente en Vértigo

¡DIOS NOS LIBRE!

Nuestro problema como civilización es que no hemos creado un paradigma similar al religioso: un programa filosófico secular que supla la ausencia de significado y genere una idea cohesiva sobre la cual podamos identificarnos.



Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Durante años he sido un ateo irredento, y entre el catálogo de ideas que sostengo creo que la separación entre el Estado y la Iglesia es una de las acciones más importantes que Occidente ha tomado para entrar a la Modernidad.

No argumento que la secularización o el ateísmo generan en automático una sociedad más justa o noble; sino que la religión tiende a radicalizar a las personas, las encierra en ideologías herméticas, las ata a preconcepciones emanadas de autoridades divinas, y genera un rechazo hacia los avances científicos, más si estos contradicen sus dogmas religiosos.

La hipótesis es que entre más secularismo, mayor racionalidad; o entre menos religión, menos oscurantismo.

Pero este proyecto no considera un elemento intrínseco de los humanos: la necesidad de orden y sentido.

Para millones de personas, la religión ofrece precisamente esto: la certeza de que una autoridad superior ha preestablecido significado, destino y trascendencia en su existencia. Y al quitar el factor religioso, millones de personas parecen buscar nuevas fuentes de autoridad que les brinden lo que antes la divinidad les otorgaba.

Y esto tiene consecuencias...


El académico Shadi Hamid argumenta que la victoria de Trump y el auge del neo-fascismo en Europa es consecuencia directa de este proceso. Para Hamid, estos programas ideológicos incluso presentan similitudes con el espectro del Islamismo radical que recorre al Medio Oriente y otras latitudes.

Sea ya el tribalismo racial en EE.UU o el etno-nacionalismo europeo, para Hamid hay un hilo conector: "una sacudida en la búsqueda de significado político" que surge cuando las ideologías contemporáneas (neo-liberalismo, globalización...) fracasan al no brindar certeza, orden o significado a las personas. Ante este vacío, se busca un modelo de política que ya no tiene como prioridad mejorar la calidad de vida, sino dirigir la energía de una sociedad hacia un objetivo moral, filosófico o ideológico.

¿Suena familiar?

Para salir de este laberinto no necesitamos un retorno a la religión o una dosis más alta de devoción. Ya hemos visto las consecuencias de esto con el neo-Islamismo  y la nueva generación de jóvenes radicales y ultra-violentos.

Nuestro problema como civilización es que no hemos creado un paradigma similar al religioso: un programa filosófico secular que supla la ausencia de significado y genere una idea cohesiva sobre la cual podamos identificarnos.

Porque los economistas podrán hablar del PIB y el presidente de reformas estructurales, pero ninguna de estas ideas tiene la fuerza suficiente para dar cohesión y brindar propósito a la existencia de millones de personas.

Más bien, la salida de este laberinto debe emanar de lo que nos hace intrínsecamente humanos: la inteligencia. Porque cuando vemos los grandes avances científicos: en medicina, en la exploración (y posible colonización) del Cosmos o en inteligencia artificial, por mencionar algunos, nos enfrentamos a algo que nos supera como individuos y que puede darnos un significado más alto como especie. Entender que no importan los vicios que aún perduran, pues nuestra especie puede alcanzar nuevas alturas en conocimiento.

Eso sí... más vale que alguien se apresure en formular un programa ideológico de este tipo, porque el 2017 inicia con el horizonte atiborrado de oscuridad.

16/12/16

LA DIPLOMÁTICA - RECUENTO DEL 2016: UN AÑO DE SORPRESAS Y CAOS

LA DIPLOMÁTICA - RECUENTO DEL 2016: UN AÑO DE SORPRESAS Y CAOS

Fecha de transmisión original: 16/12/2016

La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos y Juan Pablo Delgado
(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)


11/12/16

¡AY CRISTO, MIS CHOCHOS!

La inmensa mayoría de las promesas que venden los productos homeopáticos “no están basadas en métodos científicos modernos y no son aceptadas por expertos médicos actuales”.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

“Los hechos son una cosa muy terca”, dijo John Adams durante el juicio de los soldados británicos acusados en la Masacre de Boston, “y no importa cuáles sean nuestros deseos, nuestras inclinaciones o los designios de nuestra pasión: nada de esto puede alterar el estado de la evidencia y los hechos”, añadió.

¡Ah claro, los hechos! Qué cosas tan bellas serían si no fuéramos nosotros igual de tercos con nuestras pasiones y deseos.

Porque incluso si la evidencia nos grita directamente a la cara, nos toma de los hombros y nos sacude, aun así es complicado dejar de lado el engaño y caer en los brazos de la racionalidad.

Hablo ahora de las tibias reacciones que causó uno de los mayores triunfos de la medicina en los últimos años. ¿A qué me refiero? Pues a que hace un par de días la Comisión Federal de Comercio (CFC) de Estados Unidos arremetió públicamente contra la homeopatía indicando que “la inmensa mayoría” de las promesas que venden los productos homeopáticos “no están basadas en métodos científicos modernos y no son aceptadas por expertos médicos actuales”.

Y sentencia con autoridad: a partir de ahora, los seudomedicamentos de esta estirpe tendrán que informar a los consumidores que “no hay evidencias científicas de que el producto funciona y que las indicaciones alegadas se basan únicamente en teorías de la homeopatía del siglo XVIII”.

¡Ya se habían tardado! Porque la base de la homeopatía es tan extravagante y tan poco científica, que no se requiere de un título en Medicina o un intelecto muy alto para poder refutar sus aseveraciones.

fuente: LiveScience
Por si no están enterados, esta charlatanería asevera que lo “similar cura a lo similar” y que entre menos sustancia activa contenga su “medicamento” mayor será su efecto en el paciente. ¡Mira nada más!

La periodista Lila MacLellan nos ofrece un ejemplo de esto en acción: si una persona busca curar su problema de ansiedad, es posible que un “médico” homeopático le prescriba una minúscula dosis de arsénico, ya que en teoría el arsénico causa ansiedad en sus víctimas envenenadas, por lo que aliviaría los mismos síntomas en una fórmula homeopática.

¡Arsénico en pleno siglo XXI! ¡Lo que nos faltaba!

Para algunos todo esto podrá ser una tontería. Dirán que la gente puede comprar lo que se le venga en gana, total que nadie se ha muerto por la homeopatía. Esto podrá ser verdad cuando se busca un placebo para aliviar un resfriado, pero no cuando se padece de cáncer, Parkinson o diabetes, todos padecimientos que los seguidores de esta seudociencia aseveran que pueden curarse con unas pastillas de azúcar sumergidas en alcohol.

El mayor problema es que la refutación de la CFC causó tan pocas olas en el discurso público y tan pocas reacciones, que hoy los homeópatas siguen practicando su charlatanería como si nada hubiera ocurrido, manteniendo una industria de miles de millones de dólares en el proceso.

¡Oh, sí… muy difícil es que las personas dejen de escuchar a las sirenas de sus designios y deseos!

Pero ya lo decía el gran escritor Christopher Hitchens: “Aquello que puede ser afirmado sin evidencia, puede ser descartado sin evidencia”.

Y para como veo el mundo —lleno de charlatanes, impostores, embusteros y demagogos—, parece que será lo único que nos haga sobrevivir el próximo año.

¡Ay, Cristo, mis chochos!

Texto publicado originalmente en Vértigo.

2/12/16

LA DIPLOMÁTICA - EL ATAQUE DE LAS NOTICIAS CHATARRA

LA DIPLOMÁTICA - EL ATAQUE DE LA NOTICIAS CHATARRA

Fecha de transmisión original: 25/11/2016

La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos y Juan Pablo Delgado
(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)


20/11/16

SOPITAS PARA LA MENTE

Lo que se requiere es una sociedad que posea las herramientas intelectuales para reconocer la verdad por sí misma. Porque la verdad no necesita de árbitros; lo que necesita son defensores.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú


Hace dos semanas escribí sobre la perniciosa influencia que los medios de información chatarra tenían en la salud de las democracias. Argumenté que ningún régimen democrático puede sobrevivir cuando la sociedad se deja consumir por charlatanerías y abandona todo parámetro compartido para entender la realidad.

Aunque reconozco que he dado mucha lata con este tema, mi insistencia no es gratuita. De no tomar acciones, veremos cómo este nihilismo informativo se agudiza en el futuro próximo.

Si usted todavía cree que el tema es irrelevante (no lo es) basta con decir que se ha convertido en una cuestión existencial en el discurso público estadounidense; no sólo porque ahí están los tres grandes núcleos infectados por las noticias chatarra -Google, Facebook y Twitter- sino también porque la desinformación causada por mentiras y rumores pudo ser un factor clave en la victoria del Fascista Americano (Letras Libres dixit).

Google y Facebook ya lanzaron el primer cañonazo en esta guerra, buscando asfixiar a los sitios que publican notas falsas al excluirlos de los servicios de publicidad de donde obtienen sus ganancias.

El caso de Facebook es particularmente complejo. Esta plataforma con 1,800 millones de suscriptores es para muchos de ellos el principal medio para conocer lo que sucede en el mundo.

Pew Research Center indica que en EE.UU. el 44% de las personas obtienen sus noticias a través de Facebook; cifra que aumenta a 61% entre los Millennials. En México la situación es similar: un 47% de las personas con acceso a Internet utilizan redes sociales para recibir noticias (IAB México). De acuerdo con Forbes, esto indica que los mexicanos ya usan Facebook como alternativa a los medios tradicionales de información; una tendencia que sin duda seguirá aumentando.


¿Cómo asegurar entonces que millones de ciudadanos eviten caer en las garras del rumor, la mentira y la ficción? Algunos argumentarán a favor de la censura. Dirán que basta con que un grupo de editores o algún algoritmo supriman las noticias falsas. Pero como bien indica Mark Zuckerberg, muchas veces es complicado discernir entre lo verdadero y lo falso en un texto. Agrega que en este proceso se puede atropellar la libertad de expresión, suprimiendo voces y perspectivas que no concuerdan con las propias al creer que son mentiras.

Mucha razón tiene el chaval Zuckerberg, aunque yo agregaría algo que es quizás igual de importante: que una empresa privada no debería tener la responsabilidad de “identificar” la verdad para nosotros.
Porque en esta problemática la solución jamás será la censura o la creación de "guardianes de la verdad". Lo que se requiere es una sociedad que posea las herramientas intelectuales para reconocer la verdad por sí misma. En palabras del periodista Jim Rutenberg: “la verdad no necesita de árbitros; lo que necesita son defensores”.

Todo esto suena muy bien si hubiera por lo menos algún tipo de plan para eliminar el analfabetismo mediático en nuestro país; pero al día de hoy no existe ni un borrador de éste.

Eso sí… ya hemos visto la tremenda disrupción y turbulencia que las noticias falsas tuvieron en la elección gringa del 2016. Si así les fue a los yanquis… no quiero ni saber lo que nos espera a nosotros en el 2018.

¡Aguas, señores! O como dicen en mi pueblo: sobre aviso no hay engaño.

Este texto apareció originalmente en Vértigo

18/11/16

LA DIPLOMÁTICA - DE OBAMA A TRUMP: INICIA LA TRANSICIÓN EN EL IMPERIO YANKEE

LA DIPLOMÁTICA - DE OBAMA A TRUMP: INICIA LA TRANSICIÓN EN EL IMPERIO YANKEE

Fecha de transmisión original: 18/11/2016
La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos y Juan Pablo Delgado. 
(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)


14/11/16

¿QUÉ ES LA VERDAD? ILUSIÓN, SOMBRA, FICCIÓN...

Ninguna democracia podrá sobrevivir en un contexto donde la sociedad que pretende gobernar no comparte ni siquiera los mismos parámetros de la realidad. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Escribo esta columna sin conocer los resultados electorales en Estados Unidos. Pero al final es irrelevante, porque gane Mr. Trump o Mrs. Clinton el mayor perdedor en la contienda habrá sido el pensamiento crítico.

Hace tiempo escribí cómo el electorado yanqui parecía haber llegado a un grado de cinismo sin parangón, claudicando a cualquier interés por conocer la verdad y los datos que sustentan al mundo.

En aquel momento hablé de cómo políticos populistas y una sociedad ignorante habían confluido para corroer a la democracia. Pero un culpable escapó a la guillotina: los nuevos medios de comunicación digitales.

Por algún tiempo se argumentó que el internet serviría para robustecer al sistema democrático, puesto que si los electores tenían más fuentes de información y un mayor número de perspectivas más correcta sería su comprensión del mundo. Pero lejos de instaurar una utopía democrática, los nuevos medios digitales abrieron una oscura grieta, por la cual millones de personas han caído para no regresar jamás.

En el centro de esta controversia están los sitios de noticias chatarra. Plataformas de corte radical que promueven agendas partidistas e ideológicas. Lo que menos les importa es que las noticias que transmiten tengan un ápice de relación con la realidad que todos habitamos.

¿A quién me refiero? En concreto a las nuevas cloacas de (des)información que se han destapado; sitios de la ultraderecha como Breitbart, The Blaze, The Grudge Report y un sinfín de opinadores de radio que pululan las ondas de AM.

Son aquellos que por años dijeron que Barack Obama era musulmán y originario de Kenia; y los mismos que ahora pintan a doña Hillary Clinton como el anticristo que busca quitar las armas a todos los buenos patriotas.

deviantart

La popularidad de estos medios chatarra no solo se debe a la ignorancia mediática del electorado yanqui (incapaz de discernir entre veracidad y amarillismo), sino también al incesante ataque y desprestigio que estos nuevos jugadores han infligido a los medios tradicionales del periodismo, por su presunta cercanía a los círculos del poder.

Bien comentó el influyente conductor de radio conservador Charlie Sykes que mientras él y sus compinches se entretenían arremetiendo contra los medios tradicionales terminaron por eliminar su credibilidad y por ende todo punto de referencia con la veracidad periodística.

Además reconoció que ahora todo intento por hacer regresar a su audiencia a la realidad es inútil: sus radioescuchas están ya infectados con el virus de la sospecha y la desconfianza contra la prensa “de élite”.

El resultado es un país donde no existe ya ningún tipo de árbitro que determine lo que es verídico y comprobable; donde las teorías de conspiración son igual de válidas que una estadística gubernamental.

Y aquí se esconde el mayor peligro, ya que ninguna democracia podrá sobrevivir en un contexto donde la sociedad que pretende gobernar no comparte ni siquiera los mismos parámetros de la realidad. Donde la división entre burbujas ideológicas es tal que cada una tiene sus propios datos y estadísticas.

Quien resulte triunfador no solo heredará un país dividido ideológicamente, sino también una sociedad hundida en la paranoia, la desinformación, el tribalismo y la ignorancia.

¡Que Dios se apiade de su alma!

Texto publicado originalmente en Vértigo

9/11/16

La Diplomática - La Victoria de Donald Trump: Causa y Consecuencias

LA DIPLOMÁTICA - LA VICTORIA DE DONALD TRUMP: CAUSAS Y CONSECUENCIAS

Fecha de transmisión original: 09/11/2016
La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos y Juan Pablo Delgado. 
(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)


1/11/16

EL MONSTRUO BAJO LA CAMA

Al final, éste ha sido el verdadero monstruo que se esconde bajo la cama. No la globalización y no la economía, sino el espectro del racismo, la intolerancia y la xenofobia.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Reza un proverbio muy gastado que aquellos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Para muchos esta frase concentra lecciones claras de sabiduría; finalmente nadie quiere otro de esos “Grandes Saltos hacia Adelante” del Sr. Mao o traer de vuelta los Gulag del Camarada Stalin.

Pero el concepto de “conocer” la historia encierra numerosas complicaciones. Como toda persona inteligente sabe, la historia rara vez es algo que pueda conocerse de manera objetiva. Claro, existen personajes, fechas, lugares… pero el contexto dentro del cual suceden los hechos suele interpretarse de forma subjetiva.

Y aquí entramos a un terreno escabroso. Porque al final es el contexto de la Historia lo que determina si queremos o no repetirla. Para cierto grupo, un momento histórico podrá ser terrible, aunque para otros fue una época dorada.

Todo esto nos trae al mayor problema político en la actualidad: el auge de los movimientos populistas de ultra-derecha en Occidente.

Si usted me hubiera preguntado hace unas semanas qué es lo que genera el auge de estos movimientos, yo hubiera declarado con certeza que todo se debe a la crisis económica contemporánea.

Porque así nos han vendido los medios esta historia: la crisis financiera del 2008 y las fuerzas de la globalización (libre movimiento de personas, empresas, capitales...) han dejado a algunos ganadores pero a un inmenso número de perdedores. Este último grupo, cansado de la promesas incumplidas por la élite cosmopolita y viendo sus trabajaos diluirse por las corrientes del libre mercado, estalla en un iracundo berrinche y decide votar por aquellos que les ofrecen seguridad y estabilidad en tiempos caóticos. ¿Suena lógico, verdad?

Lógico sí… correcto no.


Bien lo menciona la periodista Lucy Bravo (Aldea Global/Vértigo No.814), que “tanto la prensa como los políticos han ignorado el racismo inherente del movimiento encabezado por Trump, para escudarlo en supuestas dificultades de la clase media trabajadora”. Siguiendo su línea, yo agregaré a los partidos de la extrema derecha en Europa.

Todo esto lo confirma una gran investigación realizada por Vox ("White Riot"), que tras analizar decenas de estudios establece que la realidad subyacente del movimiento de ultra-derecha ha sido siempre tan obvia como terrorífica: no es resentimiento económico, sino el odio contra los migrantes y un “coctel tóxico de intolerancia racial y religiosa”.

Al final, éste ha sido el verdadero monstruo que se esconde bajo la cama. No la globalización y no la economía, sino el espectro del racismo, la intolerancia y la xenofobia.

Revisando a detalle, todos estos movimientos políticos persiguen un simple objetivo: regresar a un momento histórico cuando los hombres blancos tenían el poder económico, político y social. De ahí esa nostalgia del “Make America Great Again" de Trump, y la "Francia para los Franceses" del Frente Nacional.

El periodista Marc Bassets sentencia: “la nostalgia es una arma política cargada de futuro. Quienes la agitan (...) recogen éxitos electorales".

Queda claro que olvidar la Historia puede llevarnos a repetir los peores capítulos que hemos escrito con sangre. Pero el mayor problema no es éste, sino la incapacidad que mostramos para olvidar -de una vez por todas- nuestros instintos más bajos como seres humanos.

Texto originalmente publicado en Vértigo

29/10/16

LA DIPLOMÁTICA - VENEZUELA ANTE EL ABISMO

LA DIPLOMÁTICA - VENEZUELA ANTE EL ABISMO

Fecha de transmisión original: 28/10/2016
La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos. 
(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)




16/10/16

IN GOD WE TRUST

Dios parece estar muerto o por lo menos desaparecido de un escenario donde solía ser un rockstar: la campaña presidencial de los Estados Unidos.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Seguro que todos conocen la frase de Nietzsche sobre la muerte de Dios. En una de sus obras icónicas, un hombre enloquecido enfrenta a un grupo de personas y sentencia: "Dios está muerto (…) Y nosotros lo hemos matado”.

Interpretaciones varían sobre el significado de esta frase y quizá para muchos -todavía creyentes en un ser superior- todo lo que diga Mr. Nietzsche les sea irrelevante.

Sin embargo, hoy esta frase resulta clave para entender una anomalía: Dios parece estar muerto o por lo menos desaparecido de un escenario donde solía ser un rockstar: la campaña presidencial de los Estados Unidos.

De hecho, su ausencia se siente todavía más pesada sobre el Partido Republicano, por décadas el portavoz de la Derecha Cristiana.

Noah Silvas blog

Esta mezcla entre política y religión no es reciente. Basta recordar que en 1920 fueron los grupos conservadores los que promovieron la prohibición del alcohol. Para 1960 -consecuencia de la liberación sexual- la religión y la moral se colocaron en primer plano de la vida política norteamericana. Más aún en los 70s, cuando la cuestión del aborto (legal tras Roe vs. Wade en 1973) se volvió prioridad para los cristianos. En la era de Reagan, el cristianismo y los Republicanos ya dormían en la misma cama.

Esta estrategia continuó sirviendo en los 90s cuando Bill Clinton estuvo cerca de ser destituido por su dudosa moral. Siguió en el siglo XXI con la creencia de Bush Jr. sobre su “misión divina”, declarando que Dios le había ordenado invadir Irak y Afganistán para llevar la paz al Medio Oriente.

En este tiempo los Republicanos aprendieron que al atizar las pasiones conservadoras podían ganar prácticamente cualquier elección, pues la demografía WASP (White Anglo-Saxon Protestant) les daba una tremenda cantidad de votos.

Hoy la cosa es distinta: Dios parece haber tomado vacaciones o sencillamente aplicó para una jubilación temprana de la política. Porque tanto Clinton como Trump han ignorado magistralmente a lo sacro durante la campaña.

De Clinton se sabe que no le gusta discutir su fe en público. Pero resulta llanamente increíble el apoyo que los cristianos han dado al magnate neoyorquino. Porque Trump no sólo ha mentido, engañado y presumido que no suele pedir perdón a Dios. También promovió por un tiempo el aborto, no cumple con el ideal de “la familia tradicional” y contradice la principal enseñanza sobre sexualidad que tanto pregonan los conservadores (sexo monógamo dentro del matrimonio). Bien menciona el periodista Collin Hansen que si algo define a Trump es su devoción a “la impía trinidad del dinero, el sexo y el poder”.

¿Cómo explicar esto? La respuesta nos llevaría por múltiples senderos de la sociología y la antropología, algo imposible de recorrer en una columna tan breve.

Aún así, yo quiero ofrecer una respuesta: que Dios ha sido derrotado por el capitalismo. Porque el estrés económico que resienten millones de norteamericanos los hace voltear hacia un nuevo Mesías que hará de nuevo grande a su país. Visto de otra manera, el poder del dinero ha sustituido a la fe; y el evangelio de un millonario misógino se volvió más atractivo que el de un judío empobrecido que habla de misericordia.

Así, creo que por fin entendemos de qué va la frase “In God We Trust” en el dinero gringo. Se refiere al único Dios verdadero de los yankees: el billete verde.

Una versión de este texto se publicó originalmente en Vértigo

14/10/16

La Diplomática - Donald Trump y la Guerra de los Sexos en Estados Unidos

LA DIPLOMÁTICA - DONALD TRUMP Y LA GUERRA DE LOS SEXOS EN ESTADOS UNIDOS


Fecha de transmisión original: 14/10/2016

La Diplomática - Sección del noticiero "Primera Línea" con Vaitiare Mateos. 

(12:00 PM por AzNoticias; TV Azteca)


9/10/16

ESTE TÍTULO ES FALSO

El electorado estadounidense parece haber llegado a un grado de cinismo sin parangón en la historia, claudicando por completo a cualquier responsabilidad democrática o a cualquier interés de conocer la Verdad de los hechos; de conocer los datos veraces que sustentan al mundo y a la realidad. 


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

El legendario comediante George Carlin sentenció hace veinte años que él jamás se quejaba de los políticos, ya que finalmente todos se quejaban de ellos y todos decían lo mismo: que los políticos apestan y no son de fiar.

Sin embargo, como acto siguiente Carlin volteaba su lupa para enfrentar a la audiencia, argumentando que en vez de criticar a los políticos haríamos mejor criticando al electorado: “si tienes un público egoísta e ignorante, tendrás entonces una clase política egoísta e ignorante”.

Menciono todo esto porque el veredicto de Carlin parece cada día más relevante; más aún cuando estamos en medio de una crisis política que desgasta y erosiona a los sistemas democráticos en todo el mundo y que nos podría llevar al oscurantismo después de un siglo de liberalismo en Occidente.

Ejemplos como el Brexit y el auge de Donald Trump vuelven urgente la necesidad de contar con un electorado a la altura de las circunstancias presentes. Un electorado que esté informado y dispuesto a tomar decisiones inteligentes y acertadas.

Se vale soñar, amigos, pues nada podría estar más lejos de la realidad.

Al analizar nuestra coyuntura presente es evidente que nuestro problema democrático es más profundo de lo que aparenta; y va mucho más allá de políticos deshonestos o electores indiferentes. El problema, de hecho, es más cercano a una crisis epistemológica: en la arena política, la Verdad es cada día más irrelevante.



La campaña presidencial de Estados Unidos es ejemplo perfecto de esto. Una calamidad absoluta para cualquier amante de los hechos o la verdad que terminó coronada con el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump de la semana pasada. Un encuentro a todas luces surrealista, donde una mujer sumamente preparada se enfrentó a un orangután ignorante, mentiroso y farsante.

De acuerdo con Politifact, el 85% de todas las declaraciones que Donald Trump ha hecho durante la campaña (incluyendo el debate) han sido completamente falsas (18%), falsas (35%), mayoritariamente falsas (17%) o medias verdades (14%). Solamente el 15% de ellas han sido verdaderas (4%) o  casi verdaderas (11%).

¿Habían visto ustedes algo semejante en sus vidas?

Lo peor de todo –según analistas- es que probablemente la mitomanía de Trump no tenga ningún tipo de impacto con sus seguidores. Finalmente, el magnate ya ganó la primaria del Partido Republicano y está prácticamente empatado con la señora Clinton.

El problema aquí no parece ser culpa de políticos oportunistas. Todos sabemos perfectamente que los políticos son deshonestos en distintos grados. Es el típico juego del proceso democrático: los candidatos nos prometen las riquezas de Cíbola y nosotros tomamos sus promesas with a grain of salt, como dirían los Yankees.

Sin embargo, el electorado estadounidense parece haber llegado a un grado de cinismo sin parangón en la historia, claudicando por completo a cualquier responsabilidad democrática o a cualquier interés de conocer la Verdad de los hechos; de conocer los datos veraces que sustentan al mundo y a la realidad.

Se le atribuye al senador norteamericano Daniel Patrick Moynihan decir que “todo el mundo tiene derecho a una opinión pero no sus propios hechos”. Una frase que seguramente tiene sentido y lógica, aunque a estas alturas… ¡a quién carajos le importa!

Texto publicado originalmente en Vértigo