Cómo conocer la realidad y no extraviarse en el intento


Texto por Daniel Morales

"We get experts on everything. That sound like they're sort of scientific experts […] There's all kinds of myths and pseudoscience all over the place […] I have the advantage of having found out how hard it is to get to really know something. How careful you have to be about checking the experiments. How easy it is to make mistakes and fool yourself. I know what it means to know something […] I see how they get their information and I can't believe that they know it. They haven't done the work necessary, they haven't done the checks necessary, they haven't done the care necessary…"
- Richard P. Feynman

Todos hemos tenido esta desagradable experiencia:

Un conocido pretende convencerte de la veracidad de una aseveración extraordinaria, utilizando una anécdota como único argumento. 

Por si esto no fuera ya suficientemente problemático, en la mayoría de estos casos resulta fácil entender que las implicaciones de su anécdota no incluyen -difícilmente sorprendente- argumentos que soporten la conclusión a la que ellos se aferran fervientemente.

Recientemente tuve un encuentro de este tipo, en el que alguien me explicaba porqué está convencido de que cambiar a una dieta de alimentos orgánicos es suficiente para curar el cáncer. La anécdota probablemente sonará familiar. Un familiar suyo desarrolló cáncer y después de descubrir que los tratamientos estándares en hospitales occidentales no estaban surtiendo efecto, decidió abandonar los consejos de los médicos y simplemente cambiar a una dieta de alimentos orgánicos. Siendo ésta una anécdota, lo que ocurrió a continuación es dolorosamente predecible: Gracias a la nueva dieta, su cáncer desapareció. 

Ahora, uno debe proceder cuidadosamente a la hora de explorar (léase refutar) la validez de este tipo de argumentos, porque las emociones son vastas, violentas y volátiles cuando alguien se atreve a poner en duda conclusiones personales.  

Con la mayor cantidad de tacto posible sugerí que no era adecuado concluir, a partir de esa serie de eventos, que la comida orgánica curó el cáncer, pues a falta de controles para la cantidad infinita de variables que podrían interferir en la explicación, simplemente era imposible obtener un ápice de evidencia que soporte alguna hipótesis, sea la que sea que se quiera postular. ¿Qué si su cáncer había desaparecido espontáneamente, como parece ocurrir en uno de cada 100,000 casos? ¿Qué si su quimioterapia había sido responsable de la cura, pero con una ligera tardanza? ¿Qué si su diagnóstico había estado equivocado desde el principio? ¿Qué si justo en el momento en el que el hombre cambió su dieta, la ciudad decidió agregar fluoruro al agua y la cura milagrosa fue causada por el consumo de este elemento? ¿O por ese par de zapatos que compró más o menos por esas fechas? ¿La nueva marca de perfume que su mujer empezó a usar? No podría jamás saberlo. 

¡Pero, de hecho, no es necesario sucumbir ante la incertidumbre! Sí existe una manera de poner a prueba diferentes ideas de qué funciona y qué no funciona para curar el cáncer. Siempre y cuando se diseñe el experimento adecuado. 


Comenté que si verdaderamente quería sentirse confiado en la veracidad de que una dieta orgánica cura el cáncer, lo que se tiene que hacer es tomar a un enorme grupo de humanos, preferiblemente con exactamente el mismo perfil genético, y criarlo desde su nacimiento en el mismo ambiente, bebiendo y comiendo exactamente lo mismo, ejercitándose exactamente igual; en pocas palabras controlando el más mínimo detalle. Después inducir cáncer en el grupo por medio de la introducción de agentes mutagénicos en el ambiente, y posteriormente dividir al grupo en dos: uno que recibirá una dieta cien por ciento orgánica (el grupo que recibe "tratamiento") y otro que continuará con la dieta anterior (el control negativo). Con grupos suficientemente grandes, y si existe un efecto curativo realmente significativo en la comida orgánica, es indudable que el cáncer de los dos grupos debe desarrollarse de manera distinta a partir del cambio de dieta. 

Para hacer al experimento aún más poderoso, se puede incluir un control positivo, un tercer grupo que recibe un tratamiento cuyo efecto anticancerígeno es generalmente aceptado, por ejemplo, quimioterapia. De esta forma, si resulta que los tres grupos son indistinguibles, se vuelve difícil concluir que la dieta orgánica es inútil, pues ni siquiera el tratamiento aceptado funcionó. Por el contrario, si el control positivo se recupera pero los otros dos (el control negativo y el grupo orgánico) son indistinguibles, se vuelve muy tentador concluir que, al menos en este experimento, la comida orgánica no tiene ningún efecto anticancerígeno, manteniendo todo lo demás constante. 

El experimento se puede hacer aún más completo, con un cuarto grupo que recibe la dieta orgánica y la quimioterapia en conjunto, para investigar si la dieta orgánica provee alguna ayuda extra a quien está recibiendo tratamiento tradicional, o si de plano es totalmente inútil. Si nos ponemos serios, también se debe tener un grupo de humanos que no reciben el agente mutagénico, esto para asegurarse (cuando este grupo no desarrolle cáncer) de que el cáncer que aparece en los otros grupos es causado por la manipulación del experimentador, y no de manera espontánea en todos los humanos. También puede haber grupos sin agente mutagénico pero con comida orgánica y/o quimioterapia, para investigar los efectos de estos tratamientos en humanos saludables. En la ciencia real, el dinero disponible es lo único que limita el número de controles.

Obviamente el experimento anterior es imposible (empezando por el hecho de que se necesitan "clones" humanos en grandes cantidades, y continuando por lo perturbador que sería tomar humanos que no poseen la capacidad de decidir y utilizarlos para experimentos científicos). Afortunadamente, se puede explotar la similitud biológica entre los humanos y los roedores, y un experimento idéntico utilizando a estos animales puede otorgarnos (y, efectivamente, nos ha otorgado una y otra vez) información muy poderosa.

Tristemente, la respuesta de mi interlocutor fue alarmantemente ignorante. Sí, sí, sí, pero, ¿cómo es posible tomar información que se obtiene en un ambiente totalmente controlado (como lo es un laboratorio) y aplicarla al mundo real, repleto de caos y variabilidad? ¡Evidentemente nada de lo que se descubre en un experimento tan artificial es relevante en el mundo real!

De alguna manera este contagioso argumento es muy intuitivo, ¡por supuesto que un experimento en un laboratorio es artificial! ¿Cómo es, entonces, relevante? Bah, esos científicos sólo están llegando a conclusiones obtenidas en contextos que para nada se parecen al mundo real...

Irónicamente, ese es precisamente el poder del experimento. Las víctimas de ese argumento-trampa no entienden que eliminar el caos del mundo real es la mejor (¡incluso la única!) manera de poder obtener una historia -una hipótesis de causa-efecto- que tenga un mínimo de poder predictivo. Si se trabaja con el caos, con la variabilidad del mundo real, resulta simplemente imposible saber si fue la dieta orgánica o si fue el nuevo par de zapatos lo que curó el cáncer (¿alguien se pregunta de dónde vienen las supersticiones?).

Más alarmante aún es que muchos parecen deleitarse al imaginarse un mundo en el que nada se ponga a prueba, para que sus ideas favoritas (con agendas corporativas, orgánicas, religiosas, New Age, etcétera) tengan la misma validez que todas las demás. Ninguna. Entonces sería un verdadero todos contra todos en el que las creencias de la gente serían decididas exclusivamente por lo atractivo y contagioso de las ideas, y no por su poder de hacer predicciones. No puedo imaginar peor distopía.

Sobra decir que no logré cambiar la opinión de mi interlocutor, quien continuó creyendo fervientemente que una dieta orgánica es el secreto absoluto para la cura del cáncer. Cabe decir que esta conclusión fue exactamente la misma que defendió Steve Jobs… y ya vieron cómo le fue a ese muchacho.

Me atemoriza que conclusiones como ésta, tomadas de un análisis simplista de causa y efecto en una anécdota, son la principal influencia de las creencias de gran parte de la población. Quizá, como dice la queja proverbial del mexicano, ¡por eso estamos como estamos!

No comments:

Post a Comment