7/8/16

LOS SENTIMIENTOS DE LA REALIDAD

Entiendo que muchos están cansados del establishment político y su discurso. Pero si como sociedad no podemos ver las mismas cifras y entenderlas de la misma manera, entonces estamos frente a una fractura profunda: un mundo donde cada loco puede inventar su realidad a partir de lo que ellos “sienten” que es verdad.


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú
@DelgadoCantu

Hace dos semanas escribí sobre el auge del populismo anti-intelectual, resumido a la perfección por el entonces Ministro de Justicia británico, Michael Gove, en su frase: “la gente ya está harta de escuchar a los expertos”.

Pero resulta obvio que si buscábamos llevar esta ideología a los límites del absurdo era necesario contar con un grupo de personas todavía más ignorantes. Por fortuna no tuvimos que buscar muy lejos, pues una gran muestra se reunió recientemente en Cleveland para conmemorar la Convención Nacional del Partido Republicano.

A diferencia de Gove, los Republicanos han decidido cavar todavía más profunda la trinchera de la ignorancia, pidiendo no sólo ignorar a los expertos, sino ignorar por completo la realidad, creando en su lugar un mundo donde los datos y las cifras estadísticas no tienen importancia, y donde basta con “sentir” que algo es verdad para que así lo sea. ¡Bienvenidos señores, al anti-realismo mágico!

Uno de los mayores expositores de este pensamiento es –obviamente- el señor Donald Trump, quien en la Convención Republicana presentó una visión apocalíptica del mundo, persuadiendo a su audiencia de que viven rodeados de elementos lúgubres, donde los migrantes rondan libremente asesinando familias, los musulmanes planean ataques terroristas, la economía está destruida y el poder militar yankee es inexistente. Todo su mensaje se basó en emociones sombrías: angustia, dolor, miedo y desconfianza…

Sin embargo, ha sido señalado por muchos -incluso por el presidente Obama- que nada de esto se refleja en el mundo real. Todo fue al final una fantasía retorcida del magnate neoyorquino.


Para empeorar las cosas, entra en escena Newt Gingrich, speaker del Congreso durante la década de 1990. Cuestionado por CNN sobre las declaraciones de Trump de cómo los homicidios están fuera de control (cuando de hecho están en su nivel más bajo en 25 años), Gingrich respondió que a él le importa poco lo que muestren las estadísticas, pues “la gente se siente amenazada; y como político, yo me iré con los sentimientos de las personas, y dejaré que ustedes (los periodistas) se vayan con los teóricos”.

¡Qué chulada! O sea que ahora podemos hacer de nuestras “emociones” la brújula para navegar la realidad.

¡Pues no! La economía, las finanzas públicas y las estadísticas de todo tipo se miden con números y con datos. Poco importa si alguien siente que el crimen o la inmigración ilegal están aumentando; si las cifras muestran lo contrario, entonces debemos creer en las cifras (siempre y cuando tengan validez científica).

Lo peor es que muchos políticos han entendido este perverso juego y han aprendido a jugarlo con un cinismo desmedido. Aunque todavía peor es que la sociedad ha caído voluntariamente en esta trampa, permitiendo que la clase política los manipule y entretenga con un espectáculo de prestidigitación y aire caliente. ¿A quién no le gusta ver sus emociones validadas por una figura de autoridad?

Entiendo que muchos están cansados del establishment político y su discurso. Pero si como sociedad no podemos ver las mismas cifras y entenderlas de la misma manera, entonces estamos frente a una fractura profunda: un mundo donde cada loco puede inventar su realidad a partir de lo que ellos “sienten” que es verdad.

¡Lo que nos faltaba, señores!