Dance me to the End of Love

Vale la pena preguntarse: ¿Pensará distinto sobre el amor la persona que escucha a David Bisbal que el aficionado a George Harrison? ¿O qué tal la persona que chilla de amor con Gloria Trevi a aquél que se resbala al abismo con Leonard Cohen?


Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Me dejaste como una papa sin catsup,
 como una uña sin mugre… y la mugre ¡eres tú!
 - Gloria Trevi

Puede que resulte extraño que en una sociedad tan compleja y que se dice avanzada como la nuestra, el mes de febrero se identifique por la celebración de un misterioso pelado llamado Valentín, al que hace siglos la Iglesia decidió convertir en “santo” para futura idolatría… vaya usted a saber por qué.

Quizás exagero. Ya nadie recuerda a ese tal Valentín del siglo III. Más bien, la fiesta principal de febrero se centra en el despilfarro en parafernalia relacionada con el amor y la amistad. Eso sí, de ninguna manera quisiera entrar aquí en conflicto con los entusiastas de esta celebración. Al contrario, me parece apropiado subirnos todos al tranvía del amor, y propongo hacerlo encaminado hacia la música, particularmente si hablamos de las emociones que nos transmiten las canciones que escuchamos todos los días.

Porque es sabido que el amor es el sentimiento con mayor presencia en la música popular en Occidente. Año con año nos encontramos con artistas de todos los circuitos musicales hablando de lo mismo: el amor imposible, el amor idealizado, la pareja que se abandona, la pareja que se reencuentra, y así todas las mezclas y variaciones. Por lo tanto, si eres uno de los enamorados en estas fechas valentinas, o peor todavía, si te encuentras completamente solo y abandonado, recurrirás invariablemente a tus artistas preferidos para alcanzar ese éxtasis romántico en una noche de pasión, o para hundirse en la desolación y el desconsuelo que implica el amor y el desamor, respectivamente.

Es aquí donde entramos en un terreno pantanoso. Porque es innegable que la música nos ha servido a todos como medicina emocional en algún momento de la vida. Y si hablamos particularmente de asuntos de amor, o desamor, puedo asegurarles que todos hemos buscado placer o consuelo en las letras de alguna canción. Sin embargo, es interesante que el amor que todos experimentamos (a menos que seas un sociópata esquizofrénico), pueda ser comprendido de tantas maneras en el extenso catálogo musical.


Éste es el punto que nos coloca en el centro del laberinto, y se nos presenta con cuestiones interesantes: ¿Será posible que la música que escuchamos a diario nos dé una perspectiva particular del amor?, ¿enfocamos distinto el amor a partir de las canciones que preferimos? Para indagar en esto debemos hacer un ejercicio retórico. Supongamos que estás enamorado  de una persona de ensueño, y supongamos también que su artista preferido en cuestiones amorosas es Cristian Castro. Ahora pensemos en la misma situación, pero cambiando al infame Castro por Joaquín Sabina (repítase este ejercicio hasta el cansancio).

Considerando lo anterior, podemos entonces preguntar: ¿Pensará distinto sobre el amor la persona que escucha a David Bisbal que el aficionado a George Harrison? ¿O qué tal la persona que chilla de amor con Gloria Trevi a aquél que se resbala al abismo con Leonard Cohen? ¿Es la misma percepción del amor entre aquellos que gustan de Ricardo Arjona a los devotos de José Alfredo Jiménez? La respuesta definitiva no la tengo yo.

Pero es sabido que distintos lenguajes no crean distintas cosmovisiones, pero la  cultura a la que estamos expuestos a diario, sí. Finalmente, nuestra percepción de la vida será esa recopilación de todo lo que hemos visto, conocido y escuchado. Ahora bien, este ejercicio de ninguna manera pretende descubrir si existe una “mejor” o una “peor” visión del amor; sino más bien cuestionar si nuestras construcciones de este concepto pueden ser distintas. Cuestionarnos si la interacción entre versiones diferentes del amor puede ser sostenible en una pareja.

Por el momento, bastará con poner atención al tipo de música que tu pareja decida escuchar en estas fechas desbordantes de amor. Nunca sabes, quizá se encuentren enredados con una Chavela Vargas mientras que ustedes sueñan con Timbiriche.


Este texto se publicó originalmente en EPICENTRO.

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