La voluntad de ignorancia

Texto por: Pablo González

Es mi noción que la civilización humana ha llegado a un punto en donde la ignorancia se ha convertido en una decisión personal y consciente.

Considero importante separar a la ignorancia en dos clasificaciones: la "ignorancia circunstancial" y la "ignorancia elegida". La ignorancia circunstancial engloba a esas personas que no tienen la opción de informarse sobre su entorno. En algunas zonas marginadas del mundo, los individuos se encuentran muy limitados respecto a la información que reciben, generalmente por la ausencia de medios impresos o por el dominio de la televisión que carcome la opinión de aquellos que se informan solamente de ella. Esas personas no tienen la opción de buscar conocimiento mas allá de la gente que los rodea, y aunque esto funciona para sus actividades diarias, evita un conocimiento global de la realidad. 

En contraste, la ignorancia elegida es característica de los ciudadanos del mundo industrializado y desarrollado, en donde la información es obtenida con mucha más facilidad y a través de diversos medios. Para los habitantes del mundo industrializado es necesario demarcarles una línea todavía mas exacta: aquellos que cuentan con acceso al Internet. Y no hay duda que cualquier persona que tenga libre acceso al Internet llega a ser un candidato idóneo para sufrir de la ignorancia elegida.

Para esta esfera de personas, la ignorancia involucra Voluntad. De la misma forma en la que Nietzsche habló de la “voluntad de poder”, aquí yo me refiero a la “voluntad de ignorancia”; a aquel motor que arrastra a aquellos individuos con el poder para conocer su mundo por diversos medios a hundirse en la indiferencia o en el consumo de opiniones chatarra. Son también aquellos que, irrelevantemente de la opinión que sostengan, jamás tratarán de entender el otro lado de un argumento.

Es mi opinión que la ignorancia elegida es la razón prima por la cual muchos detestan a Estados Unidos de América. En el "Imperio Yankee", a pesar de la enorme cantidad de información que se genera, la mayoría de la sociedad es una masa ignorante y confundida. Mucho de esto se debe a que gran parte de la información que se produce funciona estrictamente para la manipulación de las masas en dicho país. Sin embargo, esta ignorancia también responde a una pereza absoluta para pensar de forma crítica y correcta, para buscar otra información, para no ser tan ingenuos ni tan cándidos con lo que su Gobierno o las televisoras les dicen. Un perfecto ejemplo de esto continúa siendo la propaganda en torno a las armas de destrucción masiva en Irak, que llevó a la invasión de dicho país y a una guerra que duró más de una década. 

Porque es verdad que la ignorancia elegida no es sólo despreciar el conocimiento al cual se tiene acceso, también es una falta de sabiduría al momento de utilizar la información. Por ejemplo, el opinar sin considerar los potenciales argumentos en contra te puede hacer un ignorante. El repetir algún dato que mencionó alguna “autoridad” sin verificarlo sólo hablará bien de ti si a quien se lo comentas es más ignorante que tú. Si se tiene una vía de información en donde libremente se puede investigar, tu opinión sólo será valida si buscas y encuentras información objetiva sobre el tema en cuestión. 


Sumado a esto, -y considerando diversos estudios sociales- es necesario comentar que la ignorancia es un factor que puede reforzar los conflictos entre grupos. El tener una opinión errónea causa que juzgues a alguien con una opinión diferente a la tuya de una forma equivocada. Un claro ejemplo es la generalización, en donde se abarcan a cantidades enormes de individuos únicos bajo un abanico de estereotipos. Pero aun así, si el mismo estereotipo puede ser atribuido a la persona que tiene la misma opinión que uno, el atributo dado a su razonamiento queda ausente. La mente humana llega a creer que cuando uno dentro de su grupo hace algo bueno es en base a la individualidad y razonamiento de esa persona; cuando alguien de otro grupo hace algo bueno, se le atribuye a la circunstancia externa de la persona, pensando que es el ambiente que lo hace actuar de tal manera y no su propia moral. 

Daniel J. Boorstin dijo que el mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino es la ilusión del conocimiento. Este dicho acompañado por otro que dice “la ignorancia es éxtasis” (T. Grey, 1742) abarca el razonamiento de porqué gente con la capacidad de investigar todo, simplemente no lo hace. El saber y entender el otro lado de la moneda mueve a uno fuera de su zona de confort y el decidir poner a prueba las creencias propias es la quintaesencia del progreso intelectual

Se requiere tener una sensibilidad global para entender que, para los ciudadanos de países industrializados y con acceso a Internet, la ignorancia ya no se puede usar de excusa. No resulta justo retroceder en la ruta del progreso humanístico debido a la comodidad o a la pereza. Es imperativo que el conocimiento sea el objetivo primordial en cualquier discusión, ya que si sólo seguimos defendiendo nuestra opinión, la obscuridad de la ignorancia dará luz a más y más conflictos.

Finalmente, resulta fundamental reconocer que cuando un individuo decide regresar al fondo de la caverna y se conforma con ver simples sombras y siluetas, este individuo se encuentra cometiendo un crimen contra las oportunidades que le han otorgado y comete un imperdonable insulto contra el progreso tecnológico y científico que hemos logrado como civilización.

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