La intrascendental necesidad de trascender

Una de las trampas psicológicas más crueles e insensatas que hemos creado como humanidad es la idea de la trascendencia.



Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

“Until you have done something for humanity, you should be ashamed to die.”
- Horance Mann

I. Wish You Were Here

Una de las trampas psicológicas más crueles e insensatas que hemos creado como humanidad es la idea de la trascendencia. No hay duda que una gran mayoría de las personas en este planeta, (casi sin excepción alguna), están condenadas a arrastrar durante toda su existencia el pesado lastre que implica encontrar, -de cualquier forma posible-, la manera de trascender y de ser recordados después de esta vida. 

Nuestra fascinación hacia la idea de la trascendencia responde directamente al terror generalizado que existe por la muerte. Debido a que ningún individuo sensato desea morir, hemos tenido que formular estrategias para “evitar” la muerte. Esta incesante necesidad psicológica por intentar burlar el inevitable final y negar la realidad nos conduce a imaginar escenarios en donde, después de nuestra desaparición, de alguna forma persistirá algún eco, alguna señal, o alguna sutil memoria que indique al mundo que alguna vez existimos y estuvimos vivos en este planeta.

Las religiones organizadas, -siempre reconocidas por su astucia-, respondieron de manera fulminante a esta perpetua inquietud humana. Optando por tomar el camino más sencillo, lograron rodear el abismo metafísico con la simple promesa de una vida después de la muerte. Así, en su intento por consolar a su rebaño de feligreses, han asegurado que no es necesario trascender en esta vida y tampoco es necesario preocuparse por el fracaso, la miseria o la pobreza, pues después de la muerte se recibirá la eterna gloria en el paraíso.

Es obvio que esta explicación brilla por ser torpe y se presenta incapaz de brindar consuelo a un gran número de personas, iniciando por todos aquellos que se rehúsan a creer en fantasías espirituales. Aun así, incluso para quienes aceptan estos dogmas, el discurso propuesto por las religiones tampoco se muestra capaz de saciar la ineludible necesidad humana de realizar algo importante durante la vida y ser recordados después de la misma.

En términos generales, el camino que debemos tomar para trascender en este mundo y formar parte de los acervos de la genialidad humana es desenvolvernos en un área específica con maestría y virtuosismo inigualable. Sólo un tonto podría creer que la fama que ostentan actualmente la mayoría de nuestros héroes chatarra los llevará a ser inmortalizados en la memoria histórica; pues aunque podrán ser considerados ídolos populares ahora, en algunos años ni siquiera el recuerdo más vago de sus roles de telenovela, de sus canciones populares o de sus goles en el fútbol persistirán en la memoria humana. 

Sin embargo, resulta sumamente frustrante analizar como los grandes genios de la historia (Bach, Newton, Darwin…) han colocado la barra sumamente alta para el resto de los mortales. En todos estos casos, han transcurrido varios siglos y su legado artístico o científico continúa causando enorme admiración y respeto en amplios círculos de la sociedad. Incluso los genios contemporáneos, (Hawking, Dylan, Feynman…), sitúan en una terrible desventaja a todos aquellos que buscan trascender.

Para empeorar esta situación, la ideología que domina en la actualidad al pensamiento Occidental tiende a ahondar aún más nuestra miseria. Pues en todo lugar donde el individualismo es la doctrina reinante, se genera una urgente necesidad para resaltar sobre el resto de las “masas”, lo que al final termina por generar una conducta esquizofrénica para lograr destacar y ser reconocido en la sociedad al precio que sea. 


II. Welcome to the Machine

En respuesta a la trágica situación descrita previamente, existen tendencias de mercado que se han aventurado a satisfacer nuestro eterno vacío existencial por medio del consumo. Con similar astucia a la mostrada por las religiones organizadas, diversas industrias de la moda han propuesto como solución final a nuestra crisis algo que se podría describir como “personalidades prefabricadas”.

Estas personalidades prefabricadas permiten alcanzar a todo aquel que consume ciertos productos el espejismo de grandeza o la ilusión de poseer una inmensa profundidad intelectual o artística. Armado con este delirio, un individuo ya no requiere realizar acciones geniales, descubrimientos extraordinarios o proezas estéticas para creer que realiza algo trascendental en su vida, pues basta con mantener la “apariencia” de ser grandioso o de ser genial para que la sociedad muestre su admiración.

Debido a que la industria de la moda abarca a todos los nichos del mercado, es muy común encontrar una gran variedad de disfraces para estos personajes prefabricados. Así, una persona podría simular que es similar a su músico favorito si utiliza cierta vestimenta; de la misma forma que otra persona podrá creer que con un corte de cabello particular y cierto maquillaje la acerca a la gloria de su actriz preferida; también existen casos en donde un disfraz permite a uno simular tener la profundidad intelectual del escritor o filósofo a quien más aprecia. Esta farsa incluso llega a los límites del absurdo cuando personas pretenden padecer algún tipo de “locura” para sentirse compaginados con el artista atormentado al que más admiran.

De forma muy similar a la que utilizaríamos una máscara en el carnaval, este poder simbólico de la moda permite a un personaje prefabricado reinventar su realidad con una personalidad más interesante. Así, vestido con el atuendo de su elección, la simulación de ser importante y la percepción de trascendencia por medio del consumo se democratiza para todas las “masas”. 

Finalmente, todos los disfraces no son más que eso: una fachada que oculta la falta de méritos y la falta acciones significativas pero que mantiene la cálida ilusión de estar siguiendo los pasos de los grandes ídolos del momento. Esta ilusión permite sortear el vacío que se abre frente a uno debido a la enorme dificultad de trascender en el mundo moderno. Aunque también podría argumentarse que quizá para muchos la idea de la trascendencia haya tomado un segundo plano, dejando como preocupación principal la urgencia de resaltar sobre el resto de las personas.

III. Shine On You Crazy Diamond

Al analizar cómo el reconocimiento social y la noción del éxito se han transformado en simples juegos de consumo y apariencias, parecería que toda posibilidad de trascendencia real se encuentra fuera de nuestro alcance. 

Sin embargo, antes de hundirnos en fatalismos inútiles, debemos preguntarnos con honestidad la verdadera razón por la cual buscamos trascender. Pues si después de la muerte no existe nada para nosotros, ¿qué satisfacción podría existir en que seamos recordados en un mundo al que jamás regresaremos?

La única respuesta razonable a este problema es que no debemos de considerar la trascendencia como un fin en sí mismo. Preocuparnos por esto es caer directamente en la trampa de nuestra propia creación, ignorando que así, la trascendencia nos eludirá constantemente. Pues similar a la tragedia de Sísifo, nos encontraríamos condenados a empujar nuestra pesada roca del ego por una empinada colina de apariencias sociales, sólo para verla rodar hacia el fondo una vez que creemos haber llegado a la cima del éxito y el reconocimiento.

En contraste, existe la posibilidad de encontrar significado en la vida sabiendo que por medio de nuestras acciones se contribuyó al progreso de la humanidad. Pues más allá de los atajos religiosos, más allá de las modas ilusorias y más allá de la pasajera pretensión social, se encuentra la verdadera importancia de formar parte de la especie humana y saber que hemos realizado acciones que beneficiarán a las futuras generaciones. No hay duda que la única razón importante por la que alguien debe de ser recordado es por haber hecho algo positivo por la especie. 

Como nota final a este debate, nadie mejor que Carl Sagan para sintetizar esta satisfacción por existir y nuestra deuda que tenemos con la humanidad: 

“Porque nosotros somos la encarnación local de un Cosmos que ha crecido hasta tener consciencia de sí mismo. Hemos comenzado a contemplar nuestros orígenes: sustancia estelar que reflexiona sobre las estrellas; conjuntos organizados de decenas de miles de billones de billones de átomos que meditan sobre la evolución de los átomos; rastreando el largo camino a través del cual llegó a surgir, por lo menos aquí, la consciencia. Nuestras lealtades son hacia la especie y el planeta. Nosotros hablamos en nombre de la Tierra. Debemos nuestra obligación de sobrevivir no sólo a nosotros sino también a este Cosmos, antiguo y vasto, del cual procedemos.”

1 comment:

  1. Considero que en este texto has tocado tantos temas, dejando tantos cabos sueltos, que se presta para una deliciosa discusión que pronto perdería su sabor por el inevitable desgaste de nuestro amigo griego Teclades, inventor del teclado... NOT.

    Siendo completamente sincero, y sin total convencimiento de decirlo por este medio, quiero expresar mi sentir respecto a este, tu más reciente texto; mientras lo leí fui observando que abarcabas muchos temas dignos de profundizar, lo cual no sucedía y saltabas de tal a cual, tan solo tocando aspectos semi-profundos que no hicieron coherencia entre sí hasta que se empezó a entrever que servían a una retórica de convencimiento ideológico, que parece ser el propósito ulterior, evidente por tu conclusión. Y con un poco de alarma al ponerlo de esta manera; hasta propagandístico.
    Fuiste demasiado determinante al instruir lo que nos "debe" dictar la razón, tus palabras fueron: "La única respuesta razonable a este problema es que no debemos de considerar la trascendencia como un fin en sí mismo."

    No lo digo con el afán de causar controversia, simplemente considero que tocaste varios temas para los cuales tienes la capacidad intelectual y creativa para analizar y articular. Y tal vez, solo tal vez, en uno solo de todos estos aspectos de la existencia humana, cometiste el error de sentir que ya lo tenías suficientemente resuelto como para escribir algo concreto y determinante al respecto; un tema tan "vaporoso" como puede llegar a ser esta necesidad de trascender de alguna forma que presentan los seres humanos.

    Me gusta muchísimo la manera en la que Sagan se expresa, y en general estoy de acuerdo con su postura sobre nuestra existencia e interacción con lo que nos rodea. Creo que es una muy buena referencia y ejemplo de individuo, el buen Sagan. Y por tu párrafo previo a citar a Sagan interpreto que tu intención es loable, bien pensada y tal vez hasta llena de humildad en la privacidad de tus pensamientos, dices: "existe la posibilidad de encontrar significado en la vida sabiendo que por medio de nuestras acciones se contribuyó al progreso [...] algo positivo por la especie". Pero no resultó tanto así en el resto de tu texto y solo nos permitiste leerte de esta manera durante una estrofa.

    Aun así yo te aplaudo, puedo ver a un individuo en el que mis causas se ven reflejadas, pero sugiero mucha prudencia, nuestros métodos, o los métodos del progreso, no deben verse infectados por los vicios del pasado. La verdad es evidente por naturaleza y sin embargo, en muchas ocasiones elude al mejor observador que ostenta todos los lujos científicos que la modernidad nos ha regalado, así pues, en mi opinión, la realidad permanece, a pesar de no ser aun descubierta u observada, pero su desconocimiento no necesita justificación, es loable y bondadoso decir "aun no lo sé" incluso un "me parece que es así" formulando hipótesis.

    Supongo que lo más sensato para mí; sería interpretar tus convicciones sobre la trascendencia, bajo esa lupa de incertidumbre, sin obligarte a escribir un "creo/considero/opino que" antes de cada frase o incluso de cada exhortación. Pero no puedes esperar esa misma gracia o consideración de todos tus lectores.

    Si tu misión/propósito fuese criticar las mentes débiles o no educadas para despertar la reflexión en sí mismas, deberías ser más sensato y considerado con su susceptibilidad a la manipulación, aunque no lo seas con su ignorancia, ahí sí yo insistiría en que continúes con tus principios de no tolerar la masiva ignorancia ciega, la pusilanimidad del espíritu (sin misticismos) ni la languidez del intelecto, y en ese aspecto te aplaudo y me suscribo a tu causa. Saludos.

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