Es tarde para el hombre romántico

Texto por Daniel Morales

"We are the Village Green Preservation Society
Preserving the old ways from being abused
Protecting the new ways for me and for you
What more can we do?"

- Raymond Douglas "Ray" Davies


La realidad contemporánea se encuentra repleta de fenómenos profundamente complejos; eventos que al desarrollarse a escalas gigantescas, son incapaces de ser asimilados por nuestras humildes mentes de primate. El comportamiento de sociedades, el auge y las caídas de los mercados financieros y las epidemias globales son buenos ejemplos de estos fenómenos. 

Paradójicamente, el problema que más nos aqueja no es el hecho de que estos procesos se rehúsen a caber en nuestros modelos mentales, sino la preocupante tendencia de ciertas personas a creer que ellos sí, y sin ayuda de evidencia, son capaces de comprenderlos e interpretarlos del todo.

Mi colega Juan Pablo Delgado ya ha discutido aquí la desatinada moda del espiritualismo "New Age" y sus nefastos adherentes. Con similar abstinencia de razonamiento crítico, un creciente grupo de personas aseveran, sin más evidencia que su propia (malograda) intuición, que el mundo actual está hundido en la más profunda podredumbre moral, donde no se puede encontrar ni una migaja de los valores que las sociedades del pasado gozaban. 

Esta romántica noción de los pueblos preindustriales generalmente viene acompañada de argumentos (sin respaldo alguno, obviamente) que denuncian la explosión de violencia en los tiempos modernos, que proponen que la calidad de vida está por los suelos, que expresan su repudio por el ser humano frío y calculador que ha sido creado por la ideología de Occidente.

No está de más recordar que esta visión pesimista de la sociedad Occidental es más popular, -muy irónicamente-, entre los individuos que componen dicha sociedad. Pareciera que está en boga creer que esta vida confortable, resultado de la explosión de la tecnología y el conocimiento en los dos últimos siglos, es moralmente vacía, precisamente debido a estos grandes avances. Los “románticos” creen que vivimos en el peor de todos los tiempos por culpa de la deshumanización causada por la Ciencia.

Nunca había visto un ejemplo más claro de esta ideología peligrosamente mal informada que el libro de ensayos ominosamente titulado “Es tarde para el hombre”, del popular escritor y poeta colombiano William Ospina. 

El principal ensayo del libro, “Los románticos y el futuro”, es una serie de condenas al mundo moderno y al positivismo. Ospina propone, por ejemplo, que "(…) el orbe que edades más sensatas vieron lleno de divinidades, organizado en mitos, perpetuado en leyendas y celebrado en cantos se ha pauperizado hasta ser sólo un laberinto sin centro, materia sin objeto y sin alma". Convenientemente, omite el detalle de que esos mismos mitos y divinidades que hoy buscamos destruir fueron la causa de incontables atrocidades, y hoy siguen causando daños indescriptibles en regiones que Ospina calificaría como “más sensatas" como en el África, donde niños albinos siguen siendo perseguidos, asesinados y pulverizados para ser utilizados en "remedios mágicos”.

Más aún, Ospina cree pertinente preguntarse "(…) cuáles son las grandes conquistas que la era del positivismo ha traído a la especie; si es verdad que en el reino racional de las mercancías somos más libres que bajo el imperio de los viejos Dioses y de sus viejos mitos, si bajo la sociedad de consumo somos más opulentos, si bajo el reinado de la tecnología somos más pacíficos, si bajo el reinado de la razón somos más razonables." 

Las preguntas capciosas de Ospina probablemente suenen para muchos como inofensivos ejercicios de pensamiento, incluso un bello llamado a debatir la ideología Occidental. Sin embargo, quedará claro que exponen una profunda insuficiencia cognitiva, pues se limitan a cuestionar los logros de la iluminación y el progreso del conocimiento, sin molestarse por hacer un mínimo esfuerzo investigativo. Afortunadamente, la humanidad cuenta con intelectuales menos desvergonzados y con más interés por la verdad, cuyos años de trabajo académico pueden darnos valiosas respuestas a las preguntas que plantea el Romántico. 

¿Seremos verdaderamente más libres? Respuesta: sí. Existen varios índices de libertad que lo demuestran sin dejar un lugar para dudas: el mundo Occidental es el más libre en prácticamente todos los aspectos. La estupidez de Ospina es la de no comprender que su crítica a la sociedad no sería tolerada (¡mucho menos publicada y celebrada!) en su idealizado mundo de mitos y divinidades. Simplemente basta imaginar su crítica, pero dirigida hacia el mundo islámico actual. No encontrarás la libertad de publicar abiertamente tus ideas ahí, ¿o sí, señor Ospina?

¿Más opulentos? Respuesta: sí. El autor Matt Ridley, en su libro “The Rational Optimist”, ha formulado un caso bellísimo (y exhaustivamente investigado) a favor de la emergente prosperidad causada por el consumo y los mercados. Ridley argumenta que, hasta la creación de la propiedad y los mercados, el ser humano jamás había tenido la oportunidad de decidir qué hacer con su tiempo. La división del trabajo, en combinación con el estallido de tecnología, ha permitido que la persona promedio hoy tenga a más personas trabajando para ella que el monarca más poderoso del planeta hace escasos siglos. Como uno de sus ejemplos favoritos, Ridley explica cómo en 1800 una persona tenía que trabajar seis horas para obtener una vela que le diera una hora de luz, mientras que hoy en día, para obtener una hora de luz, la persona promedio debe trabajar por medio segundo. Si eso no es opulencia, entonces no sé qué es.

¿Más pacíficos, más razonables? Otra vez, un contundente sí. El científico cognitivo Steven Pinker ha creado una obra magnífica llamada The Better Angels of Our Nature (altamente recomendada, y sin duda mucho más que la bazofia de Ospina), en la que reúne varios cientos de trabajos de investigación en los campos de antropología, sociología, economía y política para argumentar que el mundo moderno (y en particular el Occidental) vive en los tiempos más pacíficos de la historia de la humanidad. Difícil de creer, pero cierto. Basta mirar las cifras duras de mortandad o, para los más osados, recordar los inhumanos castigos medievales como la pera de la angustia (también conocida como pera vaginal), para entender el nivel de psicopatía que era rampante en las épocas de los cantos y las leyendas; sin olvidar el pasatiempo medieval favorito de quemar gatos vivos.

Pero para Ospina la realidad no es importante. Para él es suficiente invocar su ignorante imaginario, el cual le indica que "había más inocencia y más dignidad en los avances de las hordas de Atila (…) que en los campos de esqueletos vivientes del Tercer Reich y en sus cámaras de cianuro." ¿Inocencia? ¿Dignidad? Es realmente preocupante la miopía de Ospina, que no le permite ver la vulgaridad de sus palabras.

Pero la total ausencia de datos duros en el ensayo de Ospina no debe sorprendernos. Aunque suene irónico, el autor, en su alarmantemente mal informado ensayo, felizmente critica la mera idea de buscar información confiable. "Hoy es forzoso creer sólo en la evidencia, pero esa evidencia no es más que una ilusión. Nuestro problema es que somos demasiado sensatos, demasiado cuerdos, demasiado precisos." 

¡Que inmensurable estupidez! Difícil creer que una opinión tan retorcidamente oscurantista pueda existir, ¡mucho menos ser publicada y distribuída en una sociedad supuestamente educada! ¿Cómo reaccionaría Ospina, me pregunto yo, si le dijeran que en su próxima visita al dentista se utilizará solamente conocimiento y tecnología del siglo XVII? ¿Condenará entonces la precisión y la sensatez? ¿Se atreverá a calificar como ilusoria la evidencia de que ciertas moléculas pueden ser usadas para evitar el dolor, sin presentar algún peligro? ¿Que otras moléculas son capaces de matar las infecciones de sus muelas, evitando tener que extirparlas? 

Pero es en la conclusión de su ensayo donde Ospina confiesa lo que para él es la peor parte de la modernidad. "Algo nos ha sido quitado y ese algo es el asombro ante lo inexplicable de la realidad (…) no nos asombra ver flotar al planeta (…) no parece inquietarnos que el universo se prolongue hasta el fin. Nos parece que una cosa deja de ser misteriosa por el hecho de que se la enmascare en fórmulas matemáticas."

No es la primera vez que me encuentro argumentos como este. Parece ser que muchas personas comparten la visión rancia y retrógrada de Ospina, y temen que la vida pierde la “magia” cuando la ciencia explica algún fenómeno. ¿Qué responder? Me parece que hay que ser burdos: si no te asombra la realidad, muy tu problema.

Aquellos que en verdad son incapaces de asombrarse, aquellos que no obtienen, por ejemplo, un sentimiento inigualable de catarsis al recordar que la razón por la que existen es porque todos los seres vivos en la Tierra, desde la bacteria en el océano hasta el gigantesco sequoia en California, son literalmente su familia, no tienen remedio. Aquellos que no sienten un suspiro de humildad combinado con una explosión de incrédula fascinación al evocar que las estrellas en el cielo no son agujeros que dan a reinos celestiales sino que son gigantescos bultos de flamante materia en constante reacción, no tienen interés alguno por la belleza y la magia de la realidad.

Y quizá leer a Ospina haga a estas personas sentir que los responsables de sus deficiencias intelectuales no son ellos mismos, sino nuestra vacía sociedad Occidental.

Finalmente, lo más bello y “romántico" de todo este asunto es que, aun con la presencia de muchos Ospina o sin la existencia de ellos, nuestro avance como humanidad no se va a detener y ese asombroso deleite que ofrece la realidad persistirá para aquellos dispuestos a admirarla sin el oscuro velo del misticismo.

7 comments:

  1. Bravo, formidable! Altamente informativo, ilustrativo y hasta poético Sr. Daniel.

    Hace algunos años leí que en la actualidad el trabajador promedio vive con más lujos que Julio Cesar de Roma. Para un ser pensante es inevitable terminar deduciendo que todo esto se lo debemos al progreso tecnológico.

    Mi imagino a un Ospina en la florencia del siglo XVI... ¿cuales serían sus añoranzas? El regreso de Hector y Aquiles tal vez? Ha!

    Hay que difundir más este blog.

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    1. Leálo otra vez, pero quítese todos los prejuicios que tiene, talvez así encuentre otros significados en las palabras de Ospina, porque lo que dice tan solo es un reflejo de su inseguridad, de su paranoia, que anda buscando enemigos y contrincantes en todas partes. Leálo tranquilo, de verdad, con ganas de encontrar algo que está por fuera de su cabeza y no un reflejo de sus prejuicios. Cuando para criticar tiene que insultar muy seguramente es porque ni siquiera usted está seguro de sus argumentos. El mundo no es de verdades o de mentiras. Cálmese!

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    2. Me declaro culpable respecto a mi ignorancia sobre la obra completa de Ospina, mi opinión está basada en la interpretación de la idea que el Sr.Daniel ha expresado en toda su "columna" y mi uso del nombre "Ospina" deberá ser leído como un personaje sujeto a interpretación contextual, y no como el verdadero ospina en persona. Quien se vea a sí mismo en la incapacidad intelectual de entender eso le saludo y le deseo iluminación... y mucha lectura para que no malgaste la energía electrica que nos proporciona nuestra -a su parecer nada- opulenta luz artificial, pues entonces habrá que economizar.

      Sr.Silán, creo interpretar que su opinión es que esta crítica del Sr.Daniel está basada solamente sobre textos en los que Ospina expresa inseguridad, paranoia, busca enemigos o contrincantes en todas partes y que el resto de la obra en la que se expresa más sensato nos ha pasado de noche, pero no me queda claro, pues su texto Sr.Silán, "está un poco" carente de coherencia, si su intención era transmitir el mensaje fácil, opinativo y altamente carente de fundamentos de que yo soy quien expresa inseguridad, paranoia y ando buscando enemigos, pues le faltó disectar toda mi personalidad en su texto y explicar el por qué de su opinión, asumo que usted es un ser omnisciente en el que los prejuicios resultan inexistentes pues pierden su practicidad y funcionalidad de economía cognitiva.

      Y ya que usted ha establecido -de manera tímida pero abierta- que por medio de este canal de comunicación podemos dirigirnos mutuamente con expresiones imperativas, le exijo cordialmente que escriba un libro titulado "El mundo no es de verdades o de mentiras" y cuando lo termine de escribir solicito que se me de aviso oficial para instruirle entonces lo que puede hacer con tal obra, le sugiero que no elija un papel demasiado aspero.

      Me despido recordando una línea escrita por alguien más pero que encuentro... refrescante para esta ocasión. I have introduced myself. You have introduced yourself. This was a very good conversation. :)

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  2. Cómo vamos a hablar de opulencia cuando millones viven en la absoluta miseria tomando caldo de hueso? Será que los habitantes de latinoamerica estaban mejor antes o ahora, cuando viven en condiciones miserables, cuando tienen que pedir plata debajo de un puente y rodeados de un mundo que desconocen, o cuando trabajan 18 horas diarias y sin salir del lugar de trabajo durante todo el día? Sabemos que será de nosotros después de haber consumido transgenicos durante 200 años, cuáles serán las nuevas enfermedades surgidas de todo eso?

    Será que es posible comparar el poder destructivo de una espada con el de una bomba? Será que es peor matar 100 para que mañana también salga el sol de lo que lo es matar miles para obtener un mayor poder económico. Será que es mejor justificación mantener una guerra por una reelección que por recuperar a una mujer?

    Y ni nombrar el trato que se le da al medio donde vivimos.

    Lean a Sagan, talvez después puedan hacer una mejor crítica del texto de Ospina; que no dice lo que ustedes le atribuyen, que no piensa de la ciencia y la tecnología lo que ustedes escriben. Lean también otras cosas de Ospina; cualquiera que haya leído un par de artículos nunca escribiría de él que no hace investigación, que es cualquier charlatan.

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  3. Antes no se tenía tiempo libre? Si hasta los animales lo tienen de sobra, y duermen lo que deben dormir. Piensense ustedes, cuántas noches de trasnocho. Los que más trabajan, los que sostienen las condiciones más elementales mundo, haciendo jornadas de 16 horas (y otras otras tres de tranporte) son los que menos tiempo libre tienen. Solo falta mirar a su alrededor para notar las contradicciones de sus comentarios.

    En cambio echar la madre sí es fácil.

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    1. Buenas tardes Sr. Silán, lamento no haber leído hasta hoy el pequeño debate que aquí, felizmente, se libró a causa de mi humilde escrito. Quisiera indicar que cuando comencé a leer los ensayos de Ospina creí que tenían mucha relevancia: la mierda que se esparce por la televisión mexicana (o peor aún, canales americanos de "reality TV" como lo es MTV), son en extremo deprimentes y no menos preocupantes, y pensé que Ospina se limitaba a criticar aquello que es realmente malo en nuestra sociedad moderna (no estoy preparado para defender, por ejemplo, al culto a ídolos del deporte profesional, ni mucho menos al culto a ciertas corporaciones de tecnologías de información). Pero no me parece que ese sea el objetivo de Ospina. Más bien me parece que es simplemente un intento por expresar en palabras lo que es ya generalmente aceptado: todo estaba mejor en los tiempos pasados. Como ya he argumentado en mi columna, me parece que esa es una opinión difícil de defender ante la evidencia. Creo que hay muchas razones para creer que vivimos en un mundo muy afortunado, y que los argumentos (textuales) de Ospina no tienen ningún sentido. Por supuesto le invito a que me corrija en mis opiniones, que para eso estamos aquí intercambiando ideas.

      En pocas palabras: Ospina tiene razón cuando se le lee de una manera metafórica (por ejemplo, qué pobre es la vida intelectual hoy en día, cuando no hay excusa alguna para no tener una población cien por ciento ilustre), pero fracasa terriblemente al diagnosticar a nuestra sociedad con un problema real, pues se olvida de que jamás ha existido aquel paraíso de ideas que, según postula él sin evidencia alguna, existió en el pasado.

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