El ascenso (espiritual) de los papanatas y los papamayas



papamaya.
(De papar y maya).
1. com. coloq. Persona demasiado cándida y fácil de engañar con temas de profecías mayas.


Al repasar cualquier libro de Historia, es inevitable concluir que la especie humana deja mucho que desear. El listado de nuestros errores y fracasos es asombroso e inconcebiblemente extenso: guerras, corrupción, tortura, crimen, genocidios, pobreza, hambre, opresión…

En paralelo a nuestra constante desgracia -incluso a pesar de ella-, resulta también sorprendente el progreso que hemos alcanzado como civilización. En esta lista se destacan hechos como la erradicación de enfermedades epidémicas, la exploración del Cosmos, la pastilla anticonceptiva y la declaración de los Derechos Humanos[1].

Entre estos importantes logros sobresale un acierto trascendental: la casi absoluta supresión del analfabetismo, por lo menos en el hemisferio Occidental. En términos generales, este proyecto emanado de la Ilustración pretendía que, con la capacidad para acceder, leer y comprender diversos textos, la sociedad dejaría de ser presa fácil de la manipulación y el oscurantismo religioso; y con el paso del tiempo, este conocimiento adquirido nos permitiría escapar de la barbarie e ingresar al reino de la Razón.

Lamento informarles que este proyecto ha fracasado...

Aunque es verdad que hoy tenemos acceso a un gigantesco archivo bibliográfico (principalmente debido al Internet, otro de nuestros grandes triunfos), hay que aceptar que, en lo referente al oscurantismo y a la superstición, seguimos siendo tan idiotas como un campesino del Medievo.

Con este preámbulo en mente, la cuestión a discutir ahora es la inmensurable estupidez que contagió al mundo entero durante el 2012.

Primeramente, resulta increíble que, con la cantidad de textos en circulación a nivel global, el libro más trascendental del año fue uno sobre sadomasoquismo erótico y travesuras sexuales. Ahora bien, yo no he leído este libro y mi crítica no tiene su origen en puritanismos o mojigaterías morales. Simplemente pretendo subrayar lo innegable: la mayoría de los lectores son deprimentes.


Pero eso no fue todo, ¡ah no!, pues durante el 2012 la humanidad fue presa de otro fenómeno que pone en duda nuestra denominación de homo sapiens. Este fenómeno, si no han adivinado, fue la fascinación universal por el fin del mundo, según lo augurado por la antigua cultura maya.

Seamos honestos, al menos por un instante. Un indicador de que ya no existen razones para mantener el optimismo hacia nuestra especie, es cuando una civilización supuestamente avanzada decide que absurdas profecías mayas son tema esencial de discusión.

Los medios de comunicación no tardaron mucho en subirse al tranvía de la estupidez y día tras día nos bombardearon con nuevos y “reveladores” datos sobre los mayas. Tampoco tardó mucho en surgir una horda de “expertos mayas” que hablaron, discutieron y publicaron cada absurdo imaginable sobre el tema.

Tanto fue el escándalo, que incluso el gobierno de China tuvo que encarcelar a ciertos revoltosos que estaban generando pánico por el fin del mundo. En Rusia, Vladimir Putin tuvo que dirigirse personalmente a su nación para asegurarles que la Tierra sí llegará a su fin, pero aproximadamente en 4,500 millones de años.

Al final, como era obvio, nada sucedió. El fatídico día anunciado por los mayas transcurrió como transcurren el resto de los días. No hubo cataclismos naturales ni renacimientos espirituales, como pronosticaban otros ingenuos.

No obstante, otro hecho que tampoco sucedió fue una protesta masiva contra tanta estupidez. No hubo ninguna disculpa pública por parte de las televisoras por habernos desnutrido con tanta basura. Tampoco el editor de algún medio de comunicación recibió una merecida patada en la entrepierna por su desfachatez y falta de profesionalismo.

Aprovechando que estamos en el tema de las profecías, permítanme compartirles una más: si la civilización humana decide continuar por este rumbo, no será necesario el impacto del Planeta X o un súbito cambio en los polos magnéticos para acabar con la vida en la Tierra. El final de nuestro planeta llegará en la forma de una enorme avalancha de estupidez humana que terminará por sepultarlo todo.



[1] Nota para los religiosos: Al parecer dios olvidó entregarnos este documento; nos hubiera ahorrado muchos problemas.

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