Una mentada de madre

Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Resulta siempre entretenido observar cuando uno de los grandes ídolos populares cae de su pedestal para hundirse en la desgracia y la ignominia. Esto rara vez tiene consecuencias graves: si una figura pública es balconeada como un fraude, a lo mucho dejará corazones rotos o ilusiones astilladas.

Problemas serios surgen cuando la admiración se transforma en idolatría; pues la veneración hacia una persona hace que la sociedad se ciegue ante sus errores o crímenes. Pocos ejemplos más aterradores que Marcial Maciel, un espécimen que murió rodeado con aura de santidad, sólo para revelarse que gustaba pasar sus días en decadentes espirales de pederastia, fornicación y adulterio.

Después del caso Maciel parecería absurdo que sigamos confiando ciegamente en las personas que admiramos; mucho menos si aseguran recibir mensajes directos de Dios. Pero incluso hoy, algunas personas todavía escapan del escrutinio público por tener una membrecía en el reino de lo sagrado.

No hay que buscar más lejos que Anjezë Bojaxhiu, una monja de Albania que saltó a la fama mundial bajo el nombre de Teresa. Porque incluso después de 18 años de su muerte (conmemorada cada 5 de septiembre), la opinión pública se ha visto muy lenta en revelar las bajezas que cometió esta mujer al frente de las Misioneras de la Caridad.


La Madre Teresa, -lejos de ser esa anciana risueña que amaba a los pobres-, dejó un legado de corrupción sazonado con su fetichismo por el sufrimiento. Más que cuidar a los pobres en los hospitales que fundó, esta señora pasaba su tiempo viajando en lujosos jets y codeándose con lo peor de la fauna política.

Claro ejemplo fue su viaje a Haití de 1981, cuando comentó que pocas veces había visto tanta cercanía entre un pueblo y su gobierno. Pequeño detalle: el gobierno en cuestión era el horrífico régimen de los Duvalier, una dinastía que oprimió y saqueó a sus ciudadanos durante 29 años. Por si fuera poco, después de recibir una donación millonaria, -dinero que (sobra decir) pertenecía al pueblo haitiano y no al dictador-, nuestra Madre sostuvo que conocer a los Duvalier fue una “hermosa lección” de vida.

Uno esperaría que las millonarias donaciones fueran invertidas en mejorar sus hospicios en Calcuta. ¡Faltaba más! La señora uso ese dinero para fundar cientos de conventos de su organización por todo el planeta, mientras sus hospitales jamás dejaron de ser depósitos de enfermos en condiciones deplorables. Y si a esto le agregamos el fetichismo que mostraba hacia el dolor y el sufrimiento de sus pacientes (porque había que imitar el ejemplo de Jesucristo) estamos hablando de verdaderos sanatorios infernales.

La extravagante adulación hacia la Madre Teresa ofuscó también la visión filantrópica de toda una generación. Porque en su largo peregrinar, esta señora presentó a la India y al resto del Tercer Mundo como lugares dantescos que requerían de nuestra caridad y compasión. Total, para qué buscar soluciones reales a la pobreza, crear verdaderos hospitales o programas de planificación familiar, si al final la gente lo que necesita es caridad y compasión.

Últimamente, ustedes pueden seguir pensando lo que gusten sobre la Madre Teresa. Pero que intenten seguir vendiéndola como faro de moralidad para el mundo o como una santa en vida, ¡eso sí que es una mentada de madre!

Los niños del hombre

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Púrpura.

Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Siempre he sido muy escéptico cuando una institución tan desprestigiada como la Iglesia Católica quiere opinar sobre derechos humanos. Más sospechoso aún (y mucho más perverso) resulta cuando la Iglesia aconseja sobre los derechos de los niños. Recientemente, el infame cardenal Norberto Rivera decidió expresar su rechazo al derecho de adopción por parejas homosexuales, como respuesta a la decisión de la Suprema Corte de permitir precisamente esto en el estado de Campeche.

En un editorial para el semanario Desde la Fe, nuestro ilustradísimo cardenal volvió a mostrar lo más oscuro y retrógrado de la institución que representa: acusa al lobby gay (sic) de querer destruir a las familias mexicana “normales”, y de buscar imponer “una dictadura ideológica en cuyo trasfondo actúa el mismo maligno”. ¿¡El maligno!? Parecería broma, pero esas fueron sus palabras exactas. No conforme con esto, agrega que la decisión de la Corte vuelve a los niños en simples “objetos”. ¡Mira quien habla! 

Sobra decir que nos encontramos frente a un tema que no tendría por que causar polémica. Las parejas del mismo sexo, al igual que el resto de la sociedad, poseen una serie de derechos humanos enlistados desde el primer artículo de la Constitución, comenzando por la igualdad de todos ante la ley sin importar las preferencias sexuales. Por lo tanto, no existe controversia alguna al hablar de la adopción: si una pareja heterosexual tiene este derecho, una pareja homosexual lo posee también. 

Después vienen los miedos citados constantemente por las conciencias moralistas. Aquí se aboga que un niño con padres homosexuales crecerá para convertirse también en un homosexual (¡faltaba más!). Estos argumentos, sobra decirlo, no sólo son completamente absurdos, sino igualmente infundados. No creo tener que explicárselos a ustedes. 


Sin embargo, llama la atención la forma tan holgada con el que este tipo de ideas, - claramente discriminatorias- se siguen vociferando sin consecuencia alguna. La Iglesia argumenta que su objetivo es tratar el tema de la adopción desde la moralidad, y no la legalidad. ¿Pero cómo calificar una acción de “moral” si despoja los derechos de las personas? 

Y recuerden que estamos hablando de la Iglesia Católica, aquella que persiguió durante siglos a judíos y blasfemos con la Inquisición; suprimió la libertad de las mujeres (nada más el 50% de la población mundial); otorgó su bendición al comercio de esclavos africanos; y detuvo el avance científico por varios siglos. Me queda claro que la moralidad no es particularmente su carta fuerte. 

A esta lista de atropellos habría que agregarle el extenso y opaco currículum de abuso sexual contra miles de infantes, que sigue sucediendo actualmente y por el que sólo se han ofrecido medias disculpas y pocas acciones. ¿Qué clase de autoridad moral tendría la Iglesia para sermonear sobre este tema? Ve tú a saber…

En todo este debate se olvida siempre que la homosexualidad no es solamente una forma de sexo, sino una forma de amor, y sólo por eso debe merecer nuestro respeto. Y en el caso particular de los niños, se ha comprobado numerosas veces que poco importa la preferencia sexual de sus padres; lo fundamental es que exista un ambiente de cariño y respeto en su hogar. 

Me queda claro que la Iglesia Católica ha mantenido siempre un interés especial en los niños, quizá demasiado especial. Pero como bien lo dijo en su momento el gran Christopher Hitchens: cualquier día permitiría que un amigo homosexual cuidara a mis hijos; pero si un sacerdote me pidiera lo mismo, no sólo me negaría, sino que llamaría a la policía inmediatamente. 

¿A poco no?

En busca del tiempo (y del proyecto) perdido

Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Hace cuatro décadas, nuestro futuro premio Nobel, Octavio Paz, sostuvo una conversación con el periodista Julio Scherer, en la cual advertía que uno de los mayores problemas de México era la ausencia de proyectos.

Y con justa razón, pues si revisamos nuestra historia nacional, podemos ver que hemos tenido etapas donde las grandes ideas eran la norma, y una serie de aspiraciones bien definidas guiaban al país: Juárez derrotó a los conservadores y al anquilosado clero para fundar la Segunda República; Díaz trajo estabilidad con su visión sui generis del Orden y Progreso, y su particular gusto por eliminar “en caliente” a los revoltosos; Cárdenas coqueteó con los socialistas para crear una reforma agraria de gran trascendencia.

Saltemos a nuestra actualidad. ¿Qué es lo que vemos ahora? Sin temor a equivocarme, creo que nos encontramos frente a la ausencia total de un proyecto nacional: transitamos por un desierto interminable de ideas miopes, planes cortoplacistas y soluciones que como parches intentan detener el incipiente desborde del caos, el cual ya ha hecho su debut en varios puntos del país.

Octavio Paz explicaba que esta situación no era excepcional de México, “pues el mundo vive, dese hace años, no las consecuencias de la muerte de Dios sino de la muerte del Proyecto”. Reflexionemos sobre esto y sobre nuestra fauna política contemporánea. ¿Qué proyectos nos han ofrecido en los últimos años?

Porque pensando sólo en el transcurso de mi vida, me doy cuenta que como sociedad nos han timado repetidas veces con promesas vacías. Hace 20 años era la entrada inmediata a la modernidad salinista; hace 15 años era la llegada de la democracia, que terminó como tragicomedia de vaudeville. Después vino la ultra-violenta guerra contra el narco que seguimos peleando hasta hoy. Y en el 2015… “Las Grandes Reformas”, que se los prometo amigo lector, si usted se espera un par de añitos más, le aseguro que viviremos para verlas en todo su esplendor.


No somos los únicos en esta posición, pues en todo Occidente sucede lo mismo. En Latinoamérica, su último gran proyecto terminó en una bacanal bolivariana; la Unión Europea sigue paralizada y en detox por culpa de Grecia; Estados Unidos olvidó que como superpotencia global, tiene más responsabilidades que ir a iniciar guerras en el Medio Oriente. De hecho, parece que los únicos con un proyecto real y a largo plazo son los fundamentalistas del Estado Islámico. Pero como bien dicen: muchas veces el humano más peligroso es un imbécil con motivación. Así que ni hablar del tema.

Volviendo a México, debemos percatarnos de que los años siguen transcurriendo y nuestro país simplemente no avanza. La pobreza se mantiene igual o peor que hace una década, y los grandes retos que nos imponemos es crecer la economía, cuando menos, un 3.5% para el próximo año. 

Pero la realidad es que cada vez tenemos menos recursos naturales y más desigualdad económica. Y aunque por mucho tiempo soñamos que nuestro país era un cuerno de la abundancia, bien lo sentenció nuestro Nobel: “descubrimos que los tesoros del cuerno se los habían robado los de afuera o no eran tales tesoros sino un montón de piedras.” 

Por ahora, nos queda seguir recorriendo este cementerio de proyectos, intentando recuperar el tiempo que hemos perdido o que nos han robado.

Ladrón que roba a ladrón

Texto por: Juan Pablo Delgado Cantú

Hace algunos días, un personaje muy reconocido en los círculos del hampa mexicano decidió escapar de prisión a través de un hoyo en la regadera de su celda. Inmediatamente, (y con justa razón) la sociedad mexicana lanzó un grito al cielo pidiendo justicia, y por qué no, las cabezas de los responsables de este acto “imperdonable”.

Más allá de la evidente astucia de este capo sinaloense, me queda claro que el tema central de esta tragicomedia mexicana es la corrupción, esa corrupción omnipresente que parece invadir todos los rincones de nuestro amado México.

Algunos dirán que la corrupción forma parte de nuestra condición humana y que debe ser “domada”; otros culparán su existencia a fuerzas oscuras que operan desde las sombras del poder; otros, a las profundas fallas estructurales de nuestro sistema político, social y económico.

Sin embargo, debemos aprovechar estos momentos de debilidad institucional para realizar una sincera reflexión, y pensar en nuestra propia esencia como sociedad y como nación. Porque, después de un escándalo de estas magnitudes, lo más sencillo es voltear hacia arriba –hacia las cúpulas opacas del poder y maldecir a ciertos individuos por su incompetencia. Pero, ¿qué hay de nosotros? ¿Cuál es la máscara que nos define como sociedad mexicana en este siglo XXI?

Y es que si la corrupción emana solamente de unas cuantas manzanas podridas que pululan en las altas esferas de la burocracia, pues entonces bastaría con cambiar (y quizá encarcelar) a los culpables, ¡y problema resuelto! Pero estoy seguro de que esto no resuelve el problema de fondo. Porque finalmente, la corrupción es parte, si bien no de nuestra condición humana, sí de nuestra idiosincrasia nacional.


Ahora bien, seguramente la gran mayoría de ustedes son personas íntegras y honestas. Pero si comenzamos a reflexionar sobre nuestras acciones diarias, ya sea como trabajadores, empleados, estudiantes, o simplemente ciudadanos: ¿podríamos decir con toda certeza que la culpa de la corrupción no es nuestra, y evadir toda responsabilidad en el asunto? O será acaso que todos alimentamos a este monstruo mexicano de alguna u otra manera, que lo hacemos crecer con nuestras acciones (u omisiones) cotidianas que consideramos “sí… quizá algo malas, pero no tan malas”.

Volviendo al tema, me queda claro que dejar escapar a un capo es algo verdaderamente criminal. Pero creo que este evento ha sido analizado de manera equivocada. Porque jamás es sólo una sola persona la responsable de un crimen de estas proporciones: siempre es una cadena de pequeños y breves actos que pueden considerarse “no tan malos”, pero que en conjunto terminan por generar eventos de tales magnitudes.

Porque si sobornar a alguien llevara a la total decadencia de nuestras instituciones nacionales, todos pensaríamos dos veces antes de cometer una acción con dichas consecuencias. Pero al realizar este pequeño acto, considerado insignificante para muchos, sí nos transformamos en una pieza más de ese engranaje que termina por corroer y oxidar a todo nuestro país.


Si queremos un verdadero cambio, debemos entonces repensar nuestros valores éticos cotidianos, y entender que al ladrón que roba a ladrón no le corresponden cien años de perdón: ¡Le corresponde ir la cárcel, por ser otro maldito ladrón!

Dance me to the end of love

- Este texto se publicó originalmente en EPICENTRO.

Texto por: Juan Pablo Delgado


Me dejaste como una papa sin catsup,
 como una uña sin mugre… y la mugre ¡eres tú!
 - Gloria Trevi

Puede que resulte extraño que en una sociedad tan compleja y que se dice avanzada como la nuestra, el mes de febrero se identifique por la celebración de un misterioso pelado llamado Valentín, al que hace siglos la Iglesia decidió convertir en “santo” para futura idolatría… vaya usted a saber por qué.

Quizás exagero. Ya nadie recuerda a ese tal Valentín del siglo III. Más bien, la fiesta principal de febrero se centra en el despilfarro en parafernalia relacionada con el amor y la amistad. Eso sí, de ninguna manera quisiera entrar aquí en conflicto con los entusiastas de esta celebración. Al contrario, me parece apropiado subirnos todos al tranvía del amor, y propongo hacerlo encaminado hacia la música, particularmente si hablamos de las emociones que nos transmiten las canciones que escuchamos todos los días.

Porque es sabido que el amor es el sentimiento con mayor presencia en la música popular en Occidente. Año con año nos encontramos con artistas de todos los circuitos musicales hablando de lo mismo: el amor imposible, el amor idealizado, la pareja que se abandona, la pareja que se reencuentra, y así todas las mezclas y variaciones. Por lo tanto, si eres uno de los enamorados en estas fechas valentinas, o peor todavía, si te encuentras completamente solo y abandonado, recurrirás invariablemente a tus artistas preferidos para alcanzar ese éxtasis romántico en una noche de pasión, o para hundirse en la desolación y el desconsuelo que implica el amor y el desamor, respectivamente.

Es aquí donde entramos en un terreno pantanoso. Porque es innegable que la música nos ha servido a todos como medicina emocional en algún momento de la vida. Y si hablamos particularmente de asuntos de amor, o desamor, puedo asegurarles que todos hemos buscado placer o consuelo en las letras de alguna canción. Sin embargo, es interesante que el amor que todos experimentamos (a menos que seas un sociópata esquizofrénico), pueda ser comprendido de tantas maneras en el extenso catálogo musical.


Éste es el punto que nos coloca en el centro del laberinto, y se nos presenta con cuestiones interesantes: ¿Será posible que la música que escuchamos a diario nos dé una perspectiva particular del amor?, ¿enfocamos distinto el amor a partir de las canciones que preferimos? Para indagar en esto debemos hacer un ejercicio retórico. Supongamos que estás enamorado  de una persona de ensueño, y supongamos también que su artista preferido en cuestiones amorosas es Cristian Castro. Ahora pensemos en la misma situación, pero cambiando al infame Castro por Joaquín Sabina (repítase este ejercicio hasta el cansancio).

Considerando lo anterior, podemos entonces preguntar: ¿Pensará distinto sobre el amor la persona que escucha a David Bisbal que el aficionado a George Harrison? ¿O qué tal la persona que chilla de amor con Gloria Trevi a aquél que se resbala al abismo con Leonard Cohen? ¿Es la misma percepción del amor entre aquellos que gustan de Ricardo Arjona a los devotos de José Alfredo Jiménez? La respuesta definitiva no la tengo yo.

Pero es sabido que distintos lenguajes no crean distintas cosmovisiones, pero la  cultura a la que estamos expuestos a diario, sí. Finalmente, nuestra percepción de la vida será esa recopilación de todo lo que hemos visto, conocido y escuchado. Ahora bien, este ejercicio de ninguna manera pretende descubrir si existe una “mejor” o una “peor” visión del amor; sino más bien cuestionar si nuestras construcciones de este concepto pueden ser distintas. Cuestionarnos si la interacción entre versiones diferentes del amor puede ser sostenible en una pareja.

Por el momento, bastará con poner atención al tipo de música que tu pareja decida escuchar en estas fechas desbordantes de amor. Nunca sabes, quizá se encuentren enredados con una Chavela Vargas mientras que ustedes sueñan con Timbiriche.

15 horas en Tijuana: pulpo y banda

Parte 3 de 3 de la serie: "Tijuana: Un salvaje recorrido por el corazón del desconcierto mexicano."

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Los extranjeros disfrutaron de una cerveza con clamato por primera vez en sus vidas, en un pequeño bar con vista al mar. "En las playas mexicanas los gringos beben Coronas y los mexicanos beben clamatos" ofreció el japonés. Supongo que de cierta manera tiene razón. Pedí los clamatos en copa, y con grandes camarones adentro. Ambos extranjeros pasaron por el ritual de horrorizarse ante la idea de verter su cerveza en un gazpacho almejoso en el que literalmente flotaban animales del mar ("¿acaso podría existir un brebaje más insólito y asqueroso para combinar con esta refrescante cerveza?"), y posteriormente enamorarse del complejo sabor de la bebida más improbable de México.

Terminamos nuestra aventura en un restaurante sinaloense que nos habían recomendado (en el viaje hacia allá, el taxista no tardó en mencionar animadamente el mejor lugar para conocer chicas fáciles. Empezaba a notar un patrón ahí). Apenas abrimos las puertas del taxi, a varios metros de El Negro Durazo, se escuchaba ya el tremendo ruidazo de música banda en su interior. Giré para ver las caras de mis colegas, y ellos no escondieron su espanto. No dejé opción a la duda, me dirigí directamente a la entrada. Al abrir la puerta recibimos una cachetada de sonido que casi nos dobla la espina dorsal. 

15 horas en Tijuana: la esquina rota

Parte 2 de 3 de la serie: "Tijuana: Un salvaje recorrido por el corazón del desconcierto mexicano."

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Durante nuestro trayecto del centro a las playas, observamos la majestuosa catedral de la ciudad y quisimos bajar (tuve que interrumpir la conversación con el taxista, que me contaba con alegría lo bonito que era manejar por la avenida donde se colocan las prostitutas). La catedral acababa de terminar misa, y pudimos pasar a explorar sin molestar a nadie. 

Era una nave grande, con dos hileras de largas bancas. En su máxima capacidad podría fácilmente acomodar a unos 500 fieles o más. El techo de bóveda era sostenido por enormes columnas, muchos metros por encima de nuestras cabezas. Inmediatamente después de terminar nuestra ojeada inicial, el italiano, alarmado, me preguntó que dónde estaba Cristo. Encima del elaborado altar no había una cruz, sino una imagen del personaje que claramente ocupaba el lugar número uno en la jerarquía divina por estos rumbos: la virgen de Guadalupe. Le murmuré la historia de la aparición en el cerro del Tepeyac mientras deambulábamos por el largo pasillo lateral. Al italiano no se le escapó lo conveniente que resulta no sólo el hecho de que la virgen haya tenido la tez morena, sino también el que el testigo elegido haya sido indígena. "Ese Juan Diego, haya existido o no, probablemente hizo más por el catolicismo en México que todos los misioneros de carne y hueso juntos", le susurré. 

Encontramos a Cristo a un lado del altar, empotrado en su cruz en la pared, con una pequeña mesa a sus pies en donde aquellos que piden milagros pueden colocarle alguna veladora. Sin poderlo creer, el italiano notó que del otro lado del altar había un hombre sobre otra mesita igual, excepto que había muchas más veladoras allá. ¡¿San Judas Tadeo era más popular que Cristo?! "Santo de las causas perdidas", expliqué. "En esta ciudad parecen existir en abundancia".


15 horas en Tijuana: jazz y pilsener

Parte 1 de 3 de la serie: "Tijuana: Un salvaje recorrido por el corazón del desconcierto mexicano."

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"Ahí le va", me dijo el taxista entregándome una tarjeta con un par de mujeres desnudas al lado del nombre del table dance (¿Insomnio? ¿Amnesia? No puedo recordar. Todos los nombres de estos lugares parecen tomados de una lista de desórdenes mentales), "¡si dicen que los invitó alguien de esta compañía de taxis, les regalan la primer ronda!". Así empezaba mi primer visita a la bella y folclórica ciudad de Tijuana.

Minutos antes había caminado a mi país, proveniente de San Diego, por la garita San Ysidro. Atravesada a diario por cientos de miles de paisanos, turistas Yankees, y aventureros curiosos, la frontera entre Tijuana y San Diego es de las más concurridas del mundo. Crucé acompañado de un par de colegas nerviosos, uno italiano y el otro japonés. Dejando atrás la burguesa tranquilidad del sur de California e inmediatamente sumergiéndonos en el colorido y familiar caos de una ciudad mexicana, me percaté de lo absurdamente sencillo que fue entrar a México. En ningún punto tuvimos que detenernos. No dijimos una sola palabra a nadie. De hecho, no había nadie a quién siquiera decir un buenos días, a excepción de un par de soldados sosteniendo gigantescos rifles de asalto. Y no tenían cara de estar pasando buenos días. La frontera me pareció una especie de válvula, el poro está totalmente abierto del lado yankee al lado mexa, pero es altamente selectivo en la dirección opuesta. Supongo que la actitud mexicana se puede resumir en: "si eres suficientemente bueno para estar de aquél lado, entonces eres suficientemente bueno para estar de éste".

Agua. Corazones: La Corte de las Copas - Tributo a Erika Mergruen (Video)




Música original y Voz por Juan Pablo Delgado
Microrelato de Erika Mergruen, extraído del libro "El Último Espejo".

Corazón Coraza - Tributo a Mario Benedetti (Video)


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Corazón Coraza - Poema de Mario Benedetti
Video y Voz por Ángela Zarco
Música por Juan Pablo Delgado


Árbol de Diana - Tributo a Alejandra Pizarnik (Video)



Poema de Alejandra Pizarnik
Voz, Música y Video por Juan Pablo Delgado

https://soundcloud.com/elarboldemoras
https://twitter.com/Elarboldemoras


Árbol de Diana (fragmentos)

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

27
un golpe del alba en las flores
me abandona ebria de nada y de luz lila
ebria de inmovilidad y certeza

30
en el invierno fabuloso
la endecha de las alas en la lluvia
en la memoria del agua dedos de niebla

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

12
no más las dulces metamorfosis de una niña de seda
sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

Para Janis Joplin - Tributo a Alejandra Pizarnik (Video)




Poema de Alejandra Pizarnik.
Voz, música y video por Juan Pablo Delgado.


Texto:

a cantar dulce y a morirse luego.
no:
a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau.
así cantas, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.

Derrámalo Hacia Afuera - Tributo a Rick Holland & Brian Eno (Video)



Poema de Rick Holland del álbum "Drums Between the Bells".
Música, voz  y video por Juan Pablo Delgado


Derrámalo Hacia Afuera

Derrámalo hacia afuera
En nuevas maneras
Imaginar, soltar agujas como pinos en albercas claras
Donde las moléculas son organizadas
Lo suficientemente sueltas para dejar pasar a los sueños

Es rara liberación
Imaginar lo minúsculo
Donde los moluscos de las profundidades marinas pueden brillar naranja en los zarcillos
Y los nódulos de hemoglobina existen como veinte millones de modelos
Tan hermosos como rocas en el oleaje de mares atómicos
Entre células de sangre en forma de riñones

Imagina tus más salvajes imaginaciones
Y entonces aléjate a lo macro
El metro golpea el cielo
Y Nueva York se precipita

Desde la cima de este rascacielos
Personas tan pequeñas como el pigmento en tus ojos
Y los espacios entre ellos como costuras marchando
Como hormigas en corrientes
Lo suficientemente sueltas para dejar pasar a los sueños
¿Podemos subir más alto?

Nueva York arriba hacia el cielo
El mundo se precipita
El mundo se precipita
Y los países tan pequeños como el pigmento en tus ojos
El mundo se precipita
El mundo se precipita

Vainas de Semillas - Tributo a Rick Holland & Brian Eno (Video)




Poema de Rick Holland del álbum "Drums Between the Bells"
Voz, Música y Video por Juan Pablo Delgado



Vainas de Semillas

Por todo Londres
El crujir de las vainas de semillas
Contra los camiones que circulan

Organismo o prisma
Parte luz dividida
Parte máquina de sonido

Y distintas almas intentando picar los huesos.
Para bocados que hagan que importe.
Para carne que abulte su significado.

Semillas
Sonidos
Y el techo

Misma provocación... significante

Siete sentimientos distintos...
Siete sentimientos distintos...

Lo Real - Tributo a Rick Holland & Brian Eno (Video)




Poema de Rick Holland del álbum "Drums Between the Bells"
Voz, Música y Video por: Juan Pablo Delgado




Lo Real

El florecer
Viendo lo real en las cosas
Realmente viendo lo real
Describiendo la realidad exacta
De qué es lo que ves
O qué es lo que parece ser que ves
Parece que en verdad ves lo real
La realidad exacta y real
De lo real en las cosas que parece que ves

La cosa real
Y no hay otro barniz o voz en esto
Solamente la cosa, ya ves
La cosa que ves
Es lo real en las cosas
Lo que ves es lo que parece
Los carretes de esto parecen significar lo real de las cosas
Mientras lo real se termina y parece que alcanza lo real
Mientras funciona
No un funcionamiento en seco
Lo real se hace